Observaba las imágenes del documental transmitido en el televisor cuando el sonido metálico de la cerradura de la puerta principal se escuchó, el ruidito indiscreto vino acompañado de una risa femenina que no me extrañó en absoluto. 
— ¿Ésta es tu casa? —preguntó.
—Una de muchas—respondió su acompañante con voz seductora.
Desvié ligeramente la cabeza para saber de que se trataba aquel alboroto aunque por anticipado ya podía adivinarlo, no sería la primera vez. Abrí ligeramente la boca –mas por instinto que por sorpresa – cuando vi a Engel entrando al living acompañado de una chica que rodeaba su torso con sus largas piernas; era hermosa, como todas sus chicas, no con aspecto de prostituta sino una muchacha que lucía como las que aparecían en los anuncios de productos de belleza: con un vestido elegante color verde esmeralda, cabellos dorados y joyería costosa.
Una vez se hubo cerrado la puerta él se recargó contra ésta y empezó a besar a la chica apasionada y asquerosamente como si deseara penetrar con su lengua hasta la garganta de ella, bajó las manos desde la espalda donde el escote la dejaba descubierta hasta el trasero marcado por la tela brillante del vestido ceñido al cuerpo. Puse los ojos en blanco y no puede evitar no soltar un bufido entre exasperado y asqueado. Apagué el televisor y me levanté del sofá lo mas discretamente posible para salir de la escena repugnante… ciertamente no era la primera vez —y sabía que no sería la última— que eso sucedía, pero siempre era una chica diferente.
—Eres  buena…—murmuró Engel.
—Lo soy—musitó ella entre jadeos cuando él empezó bajar el cierre del vestido sin apartar sus labios del cuello de ella.
Rodeé el sofá, profundamente molesta y apurada; yo no tenía intenciones de presenciar una escena eróticamente perturbadora. En mi intento desesperado de escape tropecé con una de las mesillas que decoraban el living y uno de los adornos cayó al suelo produciéndose un sonido metálico que se elevó por encima de sus risillas, besos y jadeos; me sobresalté, agaché para recogerlo y volverlo a regresar a su lugar.
— ¿Hu? ¿Quién es ésa? —oí a la muchacha preguntar con altivez.
—Empleada de servicio; alguien sin importancia, ignórala… —respondió Engel como quien no quiere la cosa—Niña—se dirigió a mí cambiando su cariñosa actitud— si rompes algo lo pagas, ahora lárgate.
Solté un mohín, indignada, pero lo hice porque que no era el momento adecuado para empezar una absurda discusión que no tendría fin productivo, ni siquiera tenía ganas de hacerlo, no me apetecía dirigirle la palabra a ese bastardo. No lo había hecho desde hace mucho.
Entré en lo que era mi actual habitación y eché el seguro, lo hacía voluntariamente desde la segunda noche que estuve allí, como si una puerta fuera a detenerlo si se planteaba hacer algo. Aunque Sophie me había jurado mil veces que no lo haría, no podía confiar en que él mantuviera su palabra. Había confiado en que ella, su hermana, tuviera el poder de protegerme pero se había ido dejándome sola en manos de él. Cuando Sophie no estaba simplemente me sentía así: sola; más sola que nunca pues era ella quien me llenaba de distracciones todo el tiempo en medio de ese molesto encierro, había encontrado en esa niña una buena amiga, sin embargo, cuando se marchaba de nuevo todo se volvía monótono, como un ciclo donde ella es la luz del día y su ausencia fuera la noche sin estrellas ni luna. Sophie tenía ocupaciones de las que nunca hablaba, y evitaban (tanto ella como Engel) que sus visitas no fueran constantes para  que sus padres no empezaran a sospechar; en algo estaba de acuerdo con Engel: no debería estar involucrada en esto, sea lo que fuera.
Definitivamente me mataba el encierro en el que Engel Jackocbsob me había condenado por su ilógico capricho, estar encerrada todo el tiempo dentro de ese departamento cuadrado era lo más aburrido que había hecho en mi vida —y de verdad, en mi vida había hecho muchas cosas aburridas—; podía andar por toda la casa a mis anchas pero no podía poner un pie fuera de ella, lo había intentado cuando me quedaba sola, pero siempre iban un paso delante de mi. Lo único que me alentaba un poco a no cortarme las venas con una galleta era que Engel tampoco estaba allí la mayor parte del tiempo, él solo venía en ocasiones y se quedaba algunas horas echado en el living comiendo mientras veía televisión, jugaba videojuegos o leía. A veces él pretendía entablar una conversación conmigo durante el almuerzo como si nada hubiera pasado y estuviéramos en la cafetería del colegio, también lo intentaba cuando se sentaba conmigo a ver televisión al otro extremo del sofá, “Es un buen programa” decía él de pronto “Si” respondía yo finalizando. Algunas veces por la noche aparecía y el hermoso sonido de su violín me despertaba, yo maldecía su gracia con el instrumento después de darme cuenta que la noche se había ido sin que me hubiera dejado dormir. Otras ocasiones, como ésta, llegaba con chicas hermosas y se las llevaba a su cama, la idea ya no me inmutaba como lo había hecho la primera vez, pero me molestaba que se exhibiera así delante de mí.
Extrañaba a Juliette con quien a veces charlaba por teléfono—ella lo sabía todo y se había inventado la coartada de que yo me encontraba de vacaciones en Francia con mi tía abuela Louisa—, extrañaba a mis amigos, extrañaba Dunkeld y el aire fresco, pero abandoné la idea de escapar, se lo había prometido a Sophie al menos cien veces antes de que pudiera irse tranquila, lo hacía únicamente por ella y por las razones de que quizás esa era la única forma de mantener a salvo a las personas que quería.
Los días transcurrieron y empecé a perder ánimos sobre cualquier cosa, cada día despertaba mas tarde y me dormía mas temprano, ni siquiera me molestaba en arreglarme un poco, podía pasar el día entero en pijamas y estaba bien. Faltaban escasos días para la navidad y los adornos que Sophie había comprado para que le diera un aire “lindo” al departamento seguían empacados en sus cajas, en el mismo lugar que los había dejado antes de irse nuevamente; a Engel tampoco le parecía importar la maldita navidad, en realidad no esperaba que a un semi-demonio le importara. Las circunstancias en las que los eventos transcurrían estaban muy lejos de nosotros, el mundo exterior y su excitación parecían una patética mentira, era increíble que mientras una guerra que podría definir el destino de todos los humanos estaba teniendo lugar justo ahora, ellos disfrutaban de las vacaciones, los regalos, tarta y chocolate caliente.

La mañana antes de navidad desperté temprano, a mi pesar y después de darme cuenta que no podría volver a dormir para no despertar hasta la semana siguiente me levanté de la cama con mal humor interpuesto y después de asearme me dirigí a buscar algún alimento para calmar mi hambre matutina.
—Estás enamorado—escuché la vocecilla melodiosa de Sophie decir traviesamente desde la cocina.
Mi corazón dio un vuelco y empezó a latir rápido ¿Por qué reaccionaba así mi cuerpo? No los esperaba y estaban allí, debía ser esa la razón.
Engel se quedó en silencio por un largo rato y luego dijo:
—No es cierto, yo no me puedo… eso.
No quería interrumpirlos, por lo que me quedé fuera, no obstante tenía curiosidad, al mismo tiempo temía que él le arrancara la cabeza a su hermana por lo que había dicho, no sucedió, me sorprendió que no empezara a hacer berrinches y mantuviera su compostura. Asomé un poco la cabeza sobre el muro. Caí en la cuenta de que nunca los había visto como los veía ahora: como hermanos. Ella estaba sentada en una silla alta frente a la barra hojeando una revista sin ver las páginas, su mirada se levantaba encima del volumen para estar atenta a él que… cocinaba, mientras Sophie movía sus pies en el aire de atrás hacia delante y sonreía presa de una curiosa felicidad, Engel se concentraba en la sartén donde se freía algo que olía bien, también una sonrisa se alojaba en su rostro  y sus ojos brillaban azules.
— ¿Estás cien por ciento seguro? ¿Sabes lo que es estar enamorado como para afirmar que no lo estás?
Engel no dijo nada otra vez, su sonrisa se esfumó rápidamente.
— Yo prefiero que respondas mi pregunta y no te desvíes a temas tan… irrelevantes.
— ¡Ya te dije que no lo se!—chilló ella— lo que hiciste y lo que sigues haciendo es como si quisieras asegurarte de que te odie para toda la eternidad.
—No puedo evitarlo—se encogió de hombros— no voy a dejar de hacer lo que he hecho siempre sólo porque ella está aquí, es mi naturaleza. Si tengo hambre, comeré; si tengo sed, beberé.
—La diferencia de hacer “lo mismo de siempre” es que da la impresión de que quisieras asegurarte de que ella lo sepa, para hacerla enojar o que te note de alguna manera; intentas llamar su atención ya sea inconsciente o subconscientemente.
—Soph… también estudié psicología, no intentes…
—Entonces—interrumpió—sabrás que conoces la respuesta pero necesitas que alguien te la confirme. Ya lo hice, y, Engel, no dejes que Balthazar arruine tu vida otra vez. A mamá le gustaría que volvieras, ella quiere verte, podríamos ser una familia, como antes.
—Ya conoces mi respuesta.
Sophie dejó a un lado la revista para cruzarse de brazos, luego agachó la mirada con el ceño ligeramente fruncido.
—No es justo.
—No, no lo es—rectificó Engel, sonreía de nuevo, Esta vez parecía feliz—pero es más divertido así, vamos Soph, a ti te gusta jugar a la chica mala, te gusta escapar de vez en cuando de esos blancos, de tu vida angelical, fantasear que eres una chica mala y haces algo prohibido.
Sophie se paró de un brinco.
— ¡Claro que no! —protestó.
Sus mejillas se tiñeron rosadas y Engel soltó una carcajada; antes de que pudiera atinarlo había aparecido tras Sophie, la rodeó con sus brazos y depositó un beso en la mejilla de su hermanita. La niña entrecerró los ojos y estiró su mano hacia la barra, tomó la crema de batir y vertió un puñado sobre la cara de él.
Engel se separó de ella quitándose la crema que tenía en los ojos, después se acercó a la mesa y tomó en su mano helado de fresa para después lanzárselo en la cara; y, de esta manera iniciaron una pelea de crema batida y helado, terminando ambos girando en el suelo, pareciendo un par de hermanos comunes y corrientes y no un “él” y un ángel.
No entendía, él odiaba a los ángeles, decía que no era capaz de poseer sentimientos tan nobles como el amor, pero me di cuenta de que él si podía amar, la amaba a ella; lo que odiaba era la vulnerabilidad.
Sentí pena…
—Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas.
Pegué un salto sorprendida. Me había alejado por completo de lugar divagando en muy lejos de allí, pero él me había hecho el favor de devolverme al suelo, de un golpe fuerte, como solía hacerlo siempre.
—Lo siento, no quería interrumpir.
—Ya lo hiciste—espetó tajante.
Pasó por mi lado pisando fuerte.
—No te preocupes—dijo Sophie.
Me encogí de hombros, ya estaba acostumbrada a eso por lo que no me importó en demasía, me importaba más que ella estuviera allí, la había extrañado, a pesar de que la había visto un par de días atrás, a mí se me antojaba como un par de largas semanas y fui capaz de devolverle un abrazo con sinceridad.
Engel probablemente se hubo marchado, no lo vi el resto de la tarde, tampoco le pregunté a Sophie a donde había ido; ella y yo pasamos gran parte de la tarde arreglando el departamento con motivos navideños, para Sophie era como un juego muy divertido, pero cuando terminamos y maldije que no haber demorado más, ella volvió a marcharse dejándome sola. Terminé viendo la televisión acosada por brillantes esferas rojas y doradas, luces que encendían y apagaban simultáneamente, un frondoso árbol con cajas vacías a sus pies envueltas con papeles metálicos y lazos llamativos…
Cuando el sol  se metió y dejó de entrar luz por los ventanales me dirigí a la cocina; el trabajo me había dejado además de cansada, hambrienta. De pronto, en el silencio oscuro de la soledad escuché ruidos que provenían del living; aparté mi concentración del cuchillo y los vegetales, desviando la mirada hacia la entrada de la cocina, esperando que algo sucediera, pero nada pasó, quizás era solo mi imaginación, anhelaba tanto que alguien apareciera, que mi mente empezaba a jugarme sucio.
Volví de nuevo a cortar los vegetales con cierta distracción.
—Buenas noches—su aliento cálido golpeo mi cuello al susurrar— ¿Por qué la monotonía?
Me estremecí seguida del sobresalto por la sorpresa y el cuchillo encontró lugar en mi dedo índice, lo solté al sentir el dolor hiriente y después el calor de la sangre fluir a través de la herida recién abierta.
Me di la vuelta y le devolví una mirada asesina a Engel Jackocbsob, lo aparté de un empujón con la otra mano.
— ¿Qué te pasa? —Le reclamé— ¿crees que puedes desaparecer y después aparecer de la nada?
—Si, es mi casa.
Tomé el cuchillo y lo blandí delante de su rostro de forma amenazante sintiendo la necesidad de encajarlo en su pecho.
—Pero eso no te da derecho de asustarme.
Dejé el cuchillo sobre el lavaplatos.
—Tranquila—me dijo de forma tierna.
Tomó con delicadeza mi mano herida y levantó mi dedo frente a sus ojos, mis piernas temblaron bajo mi peso y el corazón dio un vuelco, una sensación de maripositas en mi estómago cosquilleó y no pude moverme de mi lugar. Acercó el dedo a sus labios y depositó un beso corto, contuve la respiración, sofocada por la sorpresa; abrió los labios y la punta de su lengua tocó la sangre que fluía de la herida, hice una mueca de asco cuando saboreó mi sangre como si degustara chocolate.
—Basta—gruñí desviando la mirada.
Alejó sus labios y envolvió la mano herida  con las dos suyas; una sensación fría invadió mi extremidad y el dolor en mi dedo se hizo intenso antes de apagarse con calidez entre el resplandor perlado que parecía surgir de sus manos.
Me soltó finalmente y sonrió con cierta dulzura y arrogancia.
Analicé mi mano, aún manchada de sangre fresca, pero la herida había desaparecido.
—Gracias—mustié de mala gana. — ¿Qué haces aquí? Y… vestido de esa forma tan ridícula.
En realidad estaba lejos de verse ridículo; Engel parecía todo un caballero, la ropa que usaba esta noche le hacía lucir elegante, tan Engel Jackocbsob que sentí como si volviera a enamorarme de él, que su aspecto me incitaba a desearlo, notábase su perfección en la cual había dejado de creer, sin embargo esa máscara le sentaba bien, sabía como utilizarla. El smoking le hacía parecer serio, pero la corbata color borgoña lo hacía irresistible, sus cabellos despeinados, sus zapatos bien lustrados y la sonrisa me hicieron desearlo más y más.
Me esforcé por apartar la mirada de él e ir hacia el lavamanos para enjuagarme la sangre en un acto desesperado de quitarme esa imagen de la mente. Solo era el maldito demonio tentándome me dije una y otra vez.
—Mañana es navidad—dijo poniéndose a mi lado y uniendo sus manos al chorro de agua—Pensé que te gustaría hacer algo especial, quería invitarte a cenar.
Cerré el grifo.
—Desentono un poco contigo ¿No lo crees?
Yo vestía mis pijamas más viejos.
—No soy tan suicida. Hay un obsequio para ti en tu habitación.
— ¿Debo sentirme halagada por elegirme como tu aventura de navidad?
—Como quieras. —Se encogió de hombros—Pensé que querías hacer algo especial, tú creciste con esas costumbres humanas, yo no celebro eso que llaman navidad, pero creo que es un buen pretexto para beber y tener sexo.
—Yo no voy a acostarme contigo ni aunque te disfraces de Adán delante de mí, pierdes tú tiempo, Engel. Lo único que quiero es irme a casa, con Juliette.
—Imposible. —se burló.
—Vete.
—Es mi casa, no puedes echarme. —Sonrió aún más—Y no voy a aceptar un no por respuesta; es mejor que lo hagas por ti misma, Annette, no querrás que te vista yo, supongo. Sabes que hablo en serio.
—No puedes.
—Si puedo. —Me retó— Tienes una hora. Estaré en mi habitación.
Engel salió de la cocina y yo me quedé parada sin saber que hacer, una parte de mi no quería estar sola con él, pero la otra pensaba que era una buena oportunidad para obtener más respuestas y que algo sucediera porque de verdad quería estar con él aunque fuera una sucia rata traicionera, aunque había decidido dejar de amarlo y lo odiara, me tentaba. Mi masoquismo era tan grande que después de limpiar la cocina me dirigí a mi habitación poniendo como excusa su amenaza.
Sobre la cama había una caja grande color negra que contrastaba con el rojo de la ropa de cama, como si me dijera: ven a mí. Me acerqué y quité cuidadosamente la tapa dejando al descubierto su brillante interior, un interior que contenía un par de zapatillas plateadas de tacón alto, la clase de zapatillas elegantes que usaría una novia en su noche. Había dentro, junto a las zapatillas unas cajas pequeñas también negras, con letras plateadas impresas en la tapa y por la leyenda que rezaba en esta adiviné que se trataba de joyería; al fondo otra caja mas grande que casi ocupaba todo el lugar dentro de la caja negra, aunque a diferencia, esta era blanca. Saqué cuidadosamente todo como si temiera romperlas, en realidad tenía miedo que mis manos dañaran esas cosas que parecían muy costosas, lo último que quería era tener una deuda con el diablo y después tuviera la oportunidad de reclamarme mi alma o algo parecido.
Después de una ducha rápida empecé a abrir los paquetes. La caja mas grande contenía un vestido de tela rojo brillante, lo extendí delante de mí y pensé que eso era demasiado para que mi cuerpo lo portara, era demasiado elegante. Aunque recordé entonces que todas las chicas a las que Engel había llevado al departamento siempre usaban ropa elegante e iban cubiertas de joyas; sentí una punzada en el pecho, desilusionada, sin duda para Engel Jackocbsob yo era una más, y esta noche me había elegido a mí para su diversión, seguramente otro juego cruel. Me sentía terriblemente patética, sin embargo no podía hacer nada al respecto, no ahora. Si él se enojaba… podía hacerme daño. No lo iba a negar por un intento falso de parecer valiente, le tenía tanto miedo…
Me puse el vestido, era de mi talla, igual que los zapatos y aunque las joyas no iban conmigo también me atreví a usarlas, peiné mi cabello dejándolo lacio con un moño adornado con alfileres de piedras brillantes rojas.
Me miré una vez más al espejo con deseos de llorar, con deseos de venganza.
Un par de golpes a la puerta me alertaron a ponerme a la defensiva. No hice ademán de ir a abrir, era él, si tenía tanta prisa entraría, si se quedaba fuera mejor… pero apenas había pasado un instante muy corto cuando escuché la cerradura moverse, me puse rígida sobre el asiento después de un alarmante “crack” como si algo se hubiera roto dentro de la puerta. Desde el espejo vi la puerta abrirse y él entrando… se acercó y cuando llegó hasta mí, dejó caer sus manos sobre mis hombros desnudos, se inclinó hasta que su cabeza quedó a la altura de la mía y su mirada se alzó para apreciar los reflejos que el espejo devolvía, el mío la figura de una chica con un disfraz que no iba de acuerdo a su personalidad, el de él… su acompañante perfecto, sonriente y sensual; eran un par de desconocidos en un marco, como una fotografía o un óleo de técnica exquisita. Y, entonces, el reflejo de él se movió de su postura inclinando su cabeza hacia el cuello de ella, hundiendo su nariz  mi cuello; sentí sus labios rozar mi piel, me estremecí y me puse de pie de un salto, alejándome de su alcance. Le devolví una mirada llena de reproche y el rió angelicalmente.
—Estoy bromeando. ¿Nos vamos?
—Si no hay otra opción.
—Las hay, pero creo que esta es la única que entra dentro de tus parámetros de “hacer lo correcto”.
Solté un bufido y fui hacia la puerta con la cerradura rota pero antes de llegar su mano alcanzó la mía y con impulso frenético me empujó de regreso, atrayéndome hacia su cercanía nuevamente, como en un baile de romántica y ensayada coreografía, me enredó entre sus brazos, susurró a mi oído “cierra los ojos” pero no lo hice. Pasaron varios minutos cuando lo escuché bufar levemente, significado únicamente de su efervescencia, como si tratara de ser paciente pero le costara mucho. Seguido de sus señales de desesperación, el entorno que nos rodeaba, la impecable habitación blanca y roja se volvió una nube difusa de colores que pronto se convirtió en un oscuro túnel por el cual sentí que daba vueltas a velocidad vertiginosa, mi estómago reaccionó inmediatamente al efecto, apreté los labios y mis manos contra las suyas; aunque el efecto duró apenas segundos a mi me parecieron minutos eternos. Hasta que mis pies tocaron algo firme otra vez me sentí casi segura, fue como impactar a la velocidad de un rayo sobre la tierra, no escuché el sonido de mis tacones o los zapatos de él, pero había sido un impacto duro y profundo, que provocó que mis rodillas se doblaran amenazando con dejar de sostener el resto de mi cuerpo; sin embargo, un impulso detrás de mí, me presionó contra su cuerpo para mantenerme firme y de pie. Los brazos de Engel me rodearon con más fuerza y mis manos mantuvieron su apretón como si no quisiera separarme nunca de su lado.
—Te dije que cerraras los ojos—rió él detrás de mí.
Su risa sonó burlona y melodiosa en mi oído.
—Debiste pedir permiso primero—mi voz sonó sofocada y más bien como un reproche— avisar antes de hacer eso…
—Es que no se que me gusta más de ti—murmuró misteriosamente—si tus reacciones después de que presencias algo “extraño”, o que te hagas la difícil. No decido aún que es lo que te hace más irresistible, más encantadora, tú sabes.
La sangre se acumuló en mi rostro; relajé mis manos sobre las suyas aflojando mi agarre y empujando su cuerpo lejos de mí.
—No te avergüences—masculló librándome y poniéndose frente a mí, evité mirarle—le pasa a todos, con el tiempo te acostumbrarás y lo harás tu sola.
Crucé mis brazos y miré alrededor, examinando el lugar, me resultaba vagamente familiar.
—Mi casa… —respondió a mi pregunta interna— La mansión… donde la magia ocurre… donde desollamos humanos y comemos corazones de bebés recién nacidos… donde…
—Ya entendí—elevé la voz.
Me sentí aliviada al llevar un vestido que cubría mis piernas por completo, pues mis piernas habían comenzado a temblar otra vez, más no sabía exactamente la razón. Era una sensación semejante al frío pero parecida también al terror; estar allí con él, sabiendo toda o la mayor parte de la verdad, me provocaba nauseas, me hacía preguntarme ¿Qué ocurría en los rincones mas recónditos de ese lugar? ¿Me había traído aquí para llevarme directo a mi muerte? No estaba segura de ninguna de las respuestas que mi propia mente me proporcionaba, no sabía con exactitud quien era Engel Jackocbsob, de que lado estaba y cuales eran sus planes conmigo, solo me quedaba seguir con el juego, para después… improvisar.
—Esto es una tregua. —dijo de pronto, como si hubiera estado leyendo mis pensamientos y respondiera a ellos, de manera defensiva, a su favor. —No están, se han ido por… una temporada; y yo, me comportaré si tú lo haces, quiero que la pasemos bien esta noche, de verdad. He preparado esto para ti.
Sonaba sincero.
— ¿Nada de sorpresas desagradables?
Negó con la cabeza.
— ¿Asesinatos planeados?
—Nada de sangre, alas, decapitaciones, todo tan aburrido y humano como lo que tú acostumbras.
— ¿Cómo sé que puedo confiar en ti?
Tomó mi mentón con una de sus manos y giró mi rostro que se encontraba desviado en otra posición evitando aún mirarle. Con eso él simplemente destruyó mi plan de parecer indiferente, me obligó a posar la mirada en él, a verle directamente, a perderme dentro de sus ojos profundos como cielo tranquilo y nublado, despejándose rápidamente como si el sol se abriera paso, se tornaban azules y brillantes, llamativos, sinceros.
—Sólo déjate llevar. —siseó soltándome.
Me tomó de la mano y me guió por los pasillos de la gran mansión, cada vez que estaba allí me parecía mas majestuosa que antes, apreciaba nuevos detalles y su suntuosidad se engrandecía ante mis ojos. Esta vez había escarchas doradas y flores navideñas rojas, guirnaldas iluminadas, hiedra y acebo frescos, una decoración navideña poco sobria, llamativa como las que aparecen sólo en las páginas de una revista dedicada a las familias reales, esa clase de sueño navideño que únicamente tiene alcance en tu imaginación. Me sorprendía una vez más con su gusto exquisito por lo soberbio.  
Nos detuvimos frente a una puerta alta de madera; Engel se puso delante de mí, sentí que con su mirada me interrogaba acerca de mi comportamiento, bufé exasperada y asentí, había firmado una tregua con él y no sería yo quien la rompiera.
— ¿Confías en mi? —inquirió arqueando una ceja.
—No, aún no, nunca más—confesé—esos efectos bonitos que haces con tus ojos no significan nada para mí; pero espero que mantengas tu palabra al menos por unas cuantas horas; sé que sabes buenos trucos, utilízalos al menos por un rato, quiero decir, ponte esa máscara de chico elegante, bueno, mentiroso… del chico que conocí… con él si podía… sentirme bien, más que con lo que eres ahora.
Algo en él me dijo que estaba dispuesto a rebatirme, pero apretó la mandíbula y se quedó en silencio mientras empujaba con su otra mano la puerta de madera.
—Sigo siendo el mismo…
—Si tú lo dices.
Suspiramos al mismo tiempo, esto prometía ser una noche muy larga. Dejé de prestar atención a él y aparté mi mirada de su rostro inescrutable, lo había puesto de mal humor, lo notaba a pesar de que sus ojos seguían azules como los de un ángel, él no parecía exactamente uno.
Un iluminado salón se abrió paso frente a nosotros. Era una estancia amplia y majestuosa, tenía también esa maravillosa decoración dorada y rojo, además de un gran árbol en la esquina, un árbol navideño que dejaba el pino artificial de Juliette (que muchas veces elogié de hermoso) como un raquítico arbolito sin sentido de la estética. A un lado del árbol, estaba una chimenea también decorada y frente a ésta una mesa redonda con mantenles de bordado dorado destellando al reflejo de las luces y el fuego.
Engel me condujo hasta la mesa de manera galante, como un caballero en las películas ambientadas en siglos pasados, él debía tener experiencia en esas cosas sin necesidad de ver películas, sin mencionar que seguramente era un experto en el arte de la seducción.
Así pues, llegamos a la mesa y retiró la silla para mí, cuando me senté la hizo hacia delante sin ninguna dificultad, todo aquello me hacía sentir increíblemente incómoda y me pregunté si debía mostrarme impresionada como mero acto de agradecimiento y para no parecer descortés, pero rechacé inmediatamente la idea puesto que no me sentía así, lo más probable es que de mi intento resultara una farsa demasiado teatral y ficticia que él aprovecharía para humillarme. Definitivamente no le iba a dar el gusto. Lo descubrí mirándome atentamente del otro lado de la mesa.
—Luces muy hermosa… —sonrió.
Me sonrojé, no quería que sucediera, pero terminé de esa manera.
—Deja de jugar—le espeté duramente.
— ¿Jugar? ¿Quién está jugando? —Dijo inocente— ¿Champagne?
Tomó una botella que estaba a su alcance y la destapó sin problemas, eso parecía más complicado en el cine.
— ¿Qué sigue ahora? ¿Un anillo de compromiso en el fondo?
Alzó las cejas.
—Dijiste que te ibas a comportar, yo estoy cumpliendo mi palabra, en cambio tú… no me gusta tu tono.
—Bien. —Puntualicé un poco avergonzada—Lo siento.
—Nuevamente… ¿Champagne?
Me esforcé por sonreír.
—La verdad, Engel… es que, salvo su sofisticado nombre francés, sé de la Champagne.
Vertió el líquido color ambarino dentro de mi copa, y después en la de él. Dejó a un lado la botella y tomó con delicadeza su copa alzándola ligeramente en el aire. Le imité patosamente y al mismo tiempo llevamos las copas a nuestra boca.
Engel empezó una charla casual contándome cosas que lo hacían parecer una persona normal, como los demás humanos que le rodeaban constantemente, incluso logró hacerme reír con sinceridad cuando me contó las travesuras de su gata Eris a Corcopio el… puma de Valerie; ambos reímos como si nada hubiera ocurrido en los últimos días, como si allá afuera no existieran los ángeles, los demonios, o cualquier otra amenaza latente, él mundo ahora parecía normal como yo lo conocía y me gustaba, la pregunta era ¿cuánto duraría así?
En medio de nuestra charla un “dong” profundo ahogó la habitación y mi risa, desvié instintivamente la mirada hacia el origen del sonido y descubrí un reloj sobre la chimenea anunciando las diez de la noche. Entonces, alguien irrumpió en el salón. Era fácil notar la presencia de alguien más cuando él lugar estaba tan vacío. Se trataba de un hombre vestido con un elegante traje negro de cola y pajarita dorada, lo reconocí de inmediato como el empleado que le había dado las llaves del Gallardo a Engel la mañana que salimos al pub, era el mismo sólo que con un uniforme diferente y su expresión también lo era, ya no lucía exactamente amable, parecía ausente e inexpresivo.
—Lo tomé prestado—dijo Engel a modo de disculpa.
— ¿Él estará bien? —exigí saber.
—Claro, mañana estará en casa y no recordará nada.
Me relajé un poco, aunque no dejé de sentirme incómoda. Decidí distraer mi atención observando la entrada del menú que empezaba a adornar la mesa y despedía un olor agradable, tenía aspecto extraño, desconocido, ni siquiera estaba segura de que todos los elementos en el plato fueran comestibles. Alcé la mirada para ver a Engel colocarse la servilleta en el regazo y empuñando un par de los muchos cubiertos en la mesa, lo imité y tomé el tenedor y cuchillos más parecidos a los suyos, una sonrisa se asomó en sus labios, estaba casi segura de que se burlaba de mí y mi falta de linaje, otra vez sentí mis mejillas arder, pero empecé a comer haciendo lo posible por fingir correctamente que no me importaba no ser refinada. Después vinieron más platos y en medio de nosotros se interpuso una gran charola dorada con un pavo el cual terminó siendo casi completamente devorado por Engel. No me molesté en inmutarme cuando aún su estómago tenía lugar para la tarta de frutas y el pudding.
— ¿Lo estás disfrutando? —preguntó haciendo una pausa entre un bocado y otro.
—Si… muchas gracias—titubeé.
— ¿La comida está bien?
Asentí y sonreí.
—Creo que en ese aspecto eres tu él juez más indicado.
—Yo como lo que sea—contradijo—además sería imparcial juzgarme a mi mismo.
— ¿Tu lo has cocinado todo? —No estaba segura de porque me sorprendía tanto— Júrame que no está envenenado.
Aparté mi plato de pudding ya vacío de manera teatral.
—Lamentablemente no. —rió con amago. — ¿Has terminado? Hora del siguiente acto.
— ¿Villancicos?
Torció el gesto e hizo una expresión rara con sus ojos.
—No soy bueno en eso… no se ninguno.
— ¿Qué cantan ustedes?
Ángeles caídos que al niño han de matar
Criatura inmunda de los cielos
Hemos de destrozar…—entonó con el ritmo de Jingle Bells
Abrí los ojos como platos y solté una carcajada.
—Tú preguntaste. Pero cantar no era el siguiente acto, no estaba ni siquiera en el protocolo.
— ¿Entonces cuál era la siguiente actividad?
Me tomó de la mano y me condujo hasta el centro del salón, desde allí la estancia brillante y dorada parecía más amplia y solitaria. Miré al techo descubriendo que sobre nuestras cabezas entre la lámpara y la hiedra colgaban ramilletes de muérdago que se hacían más abundantes en el centro, justo encima de nosotros.
Me aparté súbitamente.
—Ni lo sueñes—me puse a la defensiva.
Cortó la distancia que yo había marcado y volvió a tomarme de la mano, se apegó aún más a mi cuerpo y colocó mi otra mano sobre su hombro, después bajó hasta mi cintura.
—No tienes tanta suerte. —Se burló— Quiero bailar.
Apenas me di cuenta que había música en el fondo, algún vals vienés o algo parecido iniciaba tranquilamente y su cuerpo comenzaba a moverse antes de que yo aceptara la idea de bailar con él, como una pareja, un vals, los dos juntos, demasiado cerca… demasiado tarde. Mis pies ya seguían sus movimientos y se movían según el compás de la música; la sensación era agradable, de la lentitud pasamos a la danza más sublime, me sentía volar esporádicamente en la pista del salón; era sencillo, di una vuelta y dos, de un lado a otro, Engel era una pareja perfecta.
Nos detuvimos al mismo tiempo que la música acalló, él hizo una reverencia dramática y besó el dorso de mi mano, mi piel ardió con el roce de sus labios.
— ¿Otra? —preguntó
—No lo creo. Es tarde…
Al mismo tiempo, nos volvimos hacia el reloj cuando el “dong” interrumpió mi excusa, dos manecillas estaban juntas en el centro apuntando hacia arriba.
—Feliz Navidad, Cenicienta.
Sin previo aviso me tomó de los brazos girándome hacia él, se inclinó ligeramente y sus labios cayeron sobre los míos. Sentí mi corazón detenerse después de sentir un ligero pinchazo, como si hubiera sido atravesado de lado a lado por una afilada daga de hielo, contuve la respiración demasiado impactada para reaccionar al momento, estaba a punto de entrar en pánico pero no lo hice. Mi cuerpo respondió después de varios minutos, no como yo hubiera querido, pues en vez de rechazarle como debía ser, mis labios se abrieron aceptando los suyos con afabilidad, mis sentidos flaquearon impacientes en busca de más; cuando liberó mis brazos, seguro de que no lo golpearía, estos se alzaron rodeando su cuello y el beso se volvió más impaciente.
Luché contra mis deseos más irracionales, sentí que me traicionaba a mi misma y me sentí parte de su juego, nuevamente había caído a pesar de las circunstancias, a pesar de que él era peligroso, malo, de que por su culpa mi vida estaba de cabeza, de que jugara conmigo burlándose de mi estupidez humana y mis sentimientos, a pesar de que sabía que él no podía sentir nada por mi…
Engel se apartó sin despegar sus manos de mis caderas mientras mis brazos caían pesados a ambos lados de mi cuerpo. Apreté la mandíbula y el puño derecho pero me eché a correr en dirección a la puerta antes de que lo plantara en su cara o cualquier parte alcanzable de su cuerpo. Probablemente vendría a por mí, como la última vez que había tratado de huir, probablemente el resultado sería el mismo, su furia incontrolable, pero no pensé en ello, ni siquiera estaba tratando de huir de él, mas bien huía de lo que provocaba en mi. De la vergüenza y el asco. No lo escuché venir, tampoco apareció delante irrumpiéndome el paso, solo escuchaba los tacones de mis zapatos apuñalar el suelo, sonaban ecos y sordos en las baldosas antiguas y cerradas de la mansión Jackocbsob. Yo estaba corriendo sin sentido, solo corría por los largos pasillos iluminados, viendo pasar las ventanas que revelaban un frío exterior, un jardín que aún en invierno estaba tan vivo con en primavera. Entonces, busqué una salida, una puerta, dentro me ahogaba y la presencia de Engel flotaba por todas partes haciéndome sentir acorralada.
Seguí el pasillo guiándome por las ventanas estando segura de que mientras estuvieran allí tendría la certeza de no adentrarme más dentro de ese laberinto de mármol. Encontré una puerta antes de tener que dar vuelta en la intersección; giré el pomo y esta se abrió afortunadamente. Salí siendo lo más silenciosa posible.
Un escalofrío recorrió mi espalda, y aunque sentía la piel arder y el calor mantenerse en mi cuerpo, noté el cambio en la temperatura, estaba helando, una alfombra blanca cubría el suelo y las fuentes brillaban como si estuvieran hechas de vidrio. Crucé los brazos sobre mi pecho y caminé por allí, sin rumbo. Observé el jardín, como siempre, era tan majestuoso, la escarcha no quemaba las hojas o las flores, más bien le daban un aspecto brillante y único.
No sabía exactamente a donde ir, únicamente estaba segura de que no podía salir de la propiedad, sin embargo no se me antojaba volver al interior de la mansión. Caminé deliberadamente por allí hasta encontrar una banca de roca, me senté y miré al frente sin ver nada en especial. Quería darme la cabeza contra el tronco de un árbol, o meterla dentro de un hoyo en el suelo ¿Qué me pasaba? Yo no quería llevar esto más lejos, no mi lado racional, pero sí aquella parte de mi que amaba lo prohibido, lo peligroso, que estaba escondida y no solía salir muy a menudo. Este era el punto desesperante donde no encontraba una salida por ningún lado.
De pronto, escuché una melodía hermosa que surgía de algún lado, era la música que surgía del alma de un violín, de su violín, era su música hipnotizándome una vez más. Me puse de pie y seguí la melodía que me estaba llamando, era difícil saber de donde provenía, pues esta se extendía sin ningún camino, se entretejía laberínticamente  entre la marañas de hojas, se deslizaba sublime por el hielo y bailaba en los copos de nieve, rozaba las flores con elegancia. Simplemente seguí mi instinto y me adentré en ese mundo, pronto me vi llegando al lugar, abrí ligeramente la boca al recordar ese árbol era inconfundible, estaba completamente segura de que no había otro igual, era tan místico que daba la impresión de que la luz de la luna se reflejaba en sus hojas verde lima y sus frutos dorados… La música se detuvo, Engel apartó el arco de las cuerdas del violín y alzó la mirada como si apenas se diera cuenta de que yo estaba allí.
Mi corazón dio un vuelco y mis pies retrocedieron un paso.
Lo disfrutas mucho ¿no? —dije con amargura.
—Claro—me miró directamente y mi corazón se encogió por su falta de escrúpulos— la música siempre alivia el alma, más aún cuando eres tú quien la crea.
Casi suspiré de alivio al escuchar eso.
— ¿Qué clase de agonías podrías tener tú?
No obtuve respuesta, supuse que esa era otra pregunta que dejaría sin contestar, como muchas más. Engel dejó el Violín en el suelo y se acercó a mí, quise retroceder pero mis piernas no fueron capaces de moverse. Él se quitó su chaqueta y la dejó caer sobre mis hombros.
—Mas de las que tú pudieras ser capaz de imaginar—dijo finalmente.
—Por ejemplo…
—No me creerías si te lo dijera… y tampoco quiero decirte.
Bufé.
—Dime, Annette ¿Qué es lo que perturba tu mente?
Tomé aire y miré hacia el cielo, eran tantas cosas que no sabía por donde empezar, era esa la pregunta más difícil que me habían hecho en mucho tiempo, no conocía la respuesta, pero al mismo tiempo sabía, de alguna manera, que era eso a lo que él se refería.
— ¿Por donde empezar? —suspiré contrariada.
—Por el principio, supongo—dijo como si no hubiera cosa más obvia y sencilla—Ya que estamos en eso de ser sinceros…
—Estoy… me siento… desesperada. —confesé—ofuscada, porque a pesar de que sé la verdad sobre mí, sobre ti, quiero que sea solo un sueño, quiero mi vida de regreso pero es demasiado tarde, porque un Nephilim es lo que soy y lo que siempre he sido, por lo tanto esto es parte de eso; sin embargo no entiendo muchas cosas, no me gusta la idea de tener ángeles y demonios al acecho, que tu me uses como medio para cumplir tu misión, que día a día te sigas burlando de mí y aproveches que me enamoré de ti para lograr tus objetivos, odio seguir viviendo en la oscuridad a pesar de lo que ya me has contado. Quisiera ser tan mala como tú, quisiera no sentir, justo como tú lo haces. Temo que mis amigos y lo que queda de mi familia esté en peligro solo porque mis padres cometieron un error, que esas personas que han sido parte de mi vida desde hace años estén en riesgo mortal sin saberlo y por mi culpa; detesto no poder hacer nada para remediarlo, más que mantenerme escondida como una cobarde, y aún así no es suficiente. No basta con quedarme lejos de ellos, quiero protegerlos, quiero ser un Nephilim de verdad… no un adefesio raro.
— Eso se puede solucionar.
Alcé la mirada para verlo, pero él no me veía a mí; miraba al frente, su vista enfocada en aquel árbol atractivo y una sonrisa desdeñosa cruzaba su rostro de lado a lado.
—Por amor se rompen muchas reglas. Henry Crawforth rompió las suyas propias para que tú estuvieras a salvo, fuera de nuestro mundo; para que en tu futuro alguien como yo no llegara y sucedieran las cosas que están sucediendo ahora.
— ¿Mi abuelo?
—Solo te diré que él estaba demasiado enterado de nuestro mundo, como lo está ahora Juliette. Él se encargaba de ayudar a los blancos y combatir demonios, pero cuando su única nieta resultó ser una abominación no tuvo la fortaleza de entregarla y la ocultó mediante una magia antigua, tu casa está llena de todos esos artilugios que él creó para asegurar tu protección, ese colgante infernal que te regaló es un ejemplo, por eso me lo robé, estorbaba.
—El punto es…
—Encontré la manera para deshacer el “hechizo”. La solución a tus problemas la tengo yo, ser un Nephilim no te matará, te hará inmortal.
—No quiero ser inmortal, quiero únicamente poder proteger a los que amo, no ser vulnerable.
—Es lo mismo. —Se volvió hacia mí y se acercó tanto que podía ver el exuberante y fascinado brillo de sus ojos—Yo puedo darte lo que anhelas. —susurró cerca de mis labios. —Todo lo que ahora deseas; pero debes recordar que lo que deseamos puede terminar en nuestra contra. Una vez que hayas aceptado la oferta los cielos estarán en tu contra, tendrás enemigos verdaderos, te buscarán y no descansarán hasta que desaparezcas de la faz de la tierra, a cambio tendrás tus poderes, lo que te hará un Nephilim y el conocimiento para usarlos como mejor te convenga. El precio es caro, la recompensa es buena.
—Conozco cual es el precio que he de pagar.
Sonrió con malicia.
— ¿Tanto estás dispuesta a sacrificar por tan insulsos mortales?
—No lo veo como un sacrificio, no soy una heroína trágica. Estoy haciendo negocios, tú me ayudas, yo te ayudo.
—Sabes como jugar.
Esbocé una sórdida sonrisa.
—Lo llamo “negociar”.
Se apartó de mi y caminó adentrándose más en el corazón del jardín, lo seguí poco detrás pero lo alcancé cuando se detuvo y me paré a su lado, me miró de manera inquisitiva y extendió su brazo en el aire y alcanzando uno de los frutos con su mano. Lo sostuvo firmemente en su mano y lo observó como si fuera el objeto más bello del mundo, luego su mirada volvió a mí.
—Quiero que recuerdes estas palabras: Si rompes tu promesa, te haré pagarla a cualquier costo, cada error tuyo será una vida humana perdida. No me hagas enfadar, porque si me enfado… cometeré muchas estupideces que te harán llorar lágrimas de sangre.
Sus labios formaron esa sádica mueca y sus ojos se tiñeron de rojo cuando me ofreció la fruta.
 Mi corazón latía lleno de excitación y temor, mis extremidades temblaron; no estaba segura de que iba a suceder, pero algo sucedería y muchas cosas cambiarían después de mi decisión, una decisión sin más, egoísta, pero era algo que tenía que hacer si quería formar parte del juego sin ser la mayor parte del tiempo un peón más en el tablero de ajedrez, era hora de convertirme en reina y disponer de mis propias fichas de juego.
El brillo del fruto penetró en mis ojos, provocándome el deseo febril de quererle con más ahínco, mi tacto sintió la pureza dorada de la piel del orbe, suave y aterciopelada como la había imaginado al verla la primera vez en la lejanía inalcanzable; era prohibido y me seducía. No había marcha atrás.
Ahí estaba mi primer movimiento. El juego apenas comenzaba. Mordí el fruto comiendo de él.



22 Comments to “14. Pecado original. ”

  1. Wow... No tengo palabras para describir lo impresionada que estoy. Nah mentira, si las tengo. El fruto prohibido... la verdad me sorprende que haya aparecido. Y más aún que Anne lo comiera. Realmente eres un excelente narrador.

  2. Anónimo says:

    *_* Amooooo como escribes =)
    Espero el proximo y gracias
    Nota: Yo quiero de esa fruta xD

  3. Anónimo says:

    Me encanto el capitulo! Estuvo genial!. Espero con ansias el siguiente, no me aguanto por saber que sucederá con Anne y Engel! x3
    Felicidades, ¡Sigue así!

  4. indy says:

    me ha encantado, ha sido genial y como siempre nos dejas en lo mas interesante :S
    sigue asi, y porfavor escribe pronto :D
    un besitoo =)

  5. Anónimo says:

    CUANDO!? jajaja ya quiero saber que pasara Tu historia es lo mejor enserio, hasta podrias hacer un libro
    SUERTE

  6. Laila. says:

    Simplemente....perfecto, no hay otra palabra para describir el capitulo, me encanto todo pero lo sentí demasiado corto =(, muero por saber que sucederá, no me puedo aguantar, es la mejor historia que he leído desde hace mucho tiempo. Por favor sigue escribiendo porque me muero por saber como sigue.

  7. loli says:

    me gusta tu historia,cuando puedas te pasa por mi blog y asi nos seguimos es http://mundoatrayente.blogspot.com

  8. Gise says:

    ¡Hola! ¿cómo estás? Hace poco he comenzado a leer tu novela, y la verdad me ha encantado. Escribes demasiado bien =) ¡Felicidades! Espero pronto puedas escribir un nuevo capitulo.
    Y una cosa más -y dejo de molestar- te admiro, no solo por la narrativa que aplicas, sino de lo bien que encaras el perfil de la protagonista.
    Cuando termines el libro y lo publiques yo quiero una copia =).
    Te cuidas mucho, y te sigo leyendo.
    Exitos en todo lo que emprendas.

  9. hola no e leido mucho pero me gusta tu estilo XD es genial, quiero publicar mi novla si puedes pasate por mi blog
    http://artliteral.blogspot.com/

    gracias, comenten por favor

  10. *VERO* says:

    ok. este fue el capitulo... amm, bueno todos son los capitulos. es que me emociono mucho cuando publicas, va por etapas:
    1-brinco 5 seg.
    2-leo el titulo y especulo.
    3-me deboro el capitulo
    4-al finalizarlo me quedo en shock por 4 minutos
    y luego paso todo el dia hablando del capi, y mareo a mi novio.
    who fue un capitulo en donde estuve esperando algo grande y no pele. como siempre tu sueltas algo grande. sin mas mi escena favorita es cuando engel le entrega la fruta, fue...muy... se me va la palabra, ESPELUSNANTE si, asi. pude sentir lo de anne!
    ok como en cada comentario, y como siempre te decimos, espero el siguiente!

  11. alexandra says:

    estoy mas que intrigada, solo quiero seguir leyendo el siguiente capítulo, la forma en que narras las luchas internas del bien y el mal, que cada persona tiene internamente, sin importar quien sea mitad ángel mitad demonio, a todos en algún momento nos ha exitado hacer algo que sabemos que esta mal, espero con ansias el siguiente capítulo

  12. Anónimo says:

    Excelente historia! :D Espero con ansias el siguiente! Eres un excelente escritor.
    Éxitos (:


    http://lets-play-love.blogspot.com/

  13. Anónimo says:

    O.O sin nada mas que pueda decir...
    exelente.

  14. Hola^^ Un blog genial, estaré atenta, muy buenos textos:)Soy escritora, pasate por mi bblog y me dices que te parece: http://amormasalladelaunicidad.blogspot.com/Espero tu critica.Un beso ♥Gracias:)

  15. Anónimo says:

    No puedo creer que Anne cediera tan fácil ante la tentación...no se, esperaba que tuviera mas fuerza de voluntad, o mas opciones; Solo espero que luego no lo valla a lamentar...demasiado.
    Me encanta esta historia, tu narrativa es muy buena.Di con tu blog sin advertirlo, pero le agradezco a la vida por darme la oportunidad de leer esta historia, estoy aterradora mente enamorada (como diría Anne).
    Deberías probar con las editoriales a ver si publican esta fascinante obra, y si lo hacen(Seguro lo harán) avísame para comprarla.
    Se que parezco una maniática intensa pero por favor sigue publicando, espero ansiosa mente mas capítulos...por favor no me tortures más, que estoy desesperada y al borde de la locura(No literal, pero casi).
    Gracias mil.

  16. POOOOOOOOOOOOOOOOORFAVOR PON EL OTRO CAPITULO! ENSERIO ME DEJASTE CON ANSIAS DE SABER MAS D: jajajajaja

  17. te mencione en mi blog jajajajaja espero no te moleste

  18. Anónimo says:

    Felicidades..!!! s mui bna tu historia sigue escribiendo por favor... XD me cautivo completatente....

  19. Anónimo says:

    Quiero mas *_*

  20. Anónimo says:

    si no subis el capitulo... mi gente llegara a tu casa y bueeno, haran cosas contigo,. cosas que no quieres imaginarte! si no subes el capitulo a mas tardas hoy a la medianoche te arrepentiras de tus acciones BUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHHA
    P.D: no llames a la policia o te arrepentiras el doble
    P.D2: SOY TU FAAAN x3 <3

  21. Anónimo says:

    por favor, pon un nuevo capitulo!!
    esta historia es fascinante y de verdad creo q deberias probar a publicarlo, es una pena q tanto talento no sea verdaderamente apreciado.
    muxas felicidades y sigue con esta historia!!

  22. Anónimo says:

    OMG! La historia está increiblemente buena ^^ por favor pon un nuevo capitulo que estoy Deseperando xD; escribes genial, saludos.

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