El mundo no es capaz de sucumbir solo, necesita un impulso de magnitud devastadora para lograr llegar a la destrucción máxima; hay algunos que quieren ver al mundo devastado pero hay otros que darían su vida antes de que esto ocurriese. Y ¿No es el mundo capaz de luchar también?
La vida es igual… necesita un impulso para terminar por completo, y, al igual que el mundo ¿No somos capaces de luchar?
Al filo de la inconciencia, miles de pensamientos se arremolinaron en mi mente, una mente que, en un principio se hallaba en blanco, pero, ahora había muchas preguntas las cuales no tenían respuesta; de pronto todo estaba oscuro, un océano que parecía inalcanzable por cualquier tipo de fuerza superficial, apacible y tormentoso al mismo tiempo así como era un mundo pequeño pero a la vez inmenso… sentí la necesidad de escapar de allí, pero, no había alguna puerta a la vista. Podía sentir en el alma cualquier cosa, pero físicamente estaba exánime a todo, incluyendo al dolor.
Nunca vi la muerte como algo a lo que tuviera que temer, solo pensé en ello justamente en el momento en que había llegado, y me di cuenta de que no estaba preparada.
La muerte era fría y dura. La muerte era una soledad atroz no fácil de superar, una soledad que no había experimentado antes, una soledad que añoré sin conocerla y que ya no quería. Triste murmuraba ecos rotundos que sonaban como río feroz zumbando cada vez más fuerte y molesto; desesperante pero en una realidad dura no era absolutamente nada, ni un murmullo quedo, ni susurro del viento.
Entonces, me atreví a definir la vida como un purgatorio donde el ser humano es una pizca de polvo vagando en un universo que cree le pertenece, el ser humano es la pieza del juego de alguien cuyo rostro oculta en su impenetrable máscara. Tan patético era que me provocaba desazón que todo terminara así; que la llamada ley de la vida fuera únicamente: nacer, crecer, reproducirse y morir. Un efecto que se repetía autómata una y otra vez hasta el fin de los tiempos. ¿Qué sentido tenía entonces? ¿Dónde estaba la luz al final del túnel?
El terror de vagar por siempre en ese espacio tan simple y espantoso sobrevino cuando pensé que allí llegaba todo y no había un mas allá. Aquel ambiente ilusorio estaba lleno de un frío glacial que no me gustaba, podía sentirlo como si fuera parte de mí misma, aunque no sabía quien era yo misma, no sentía mi cuerpo, solo pensaba y mientras mas pensaba más temía a lo desconocido; intenté gritar pero al parecer mi voz se había extinguido pues ningún sonido se escuchó; mis ojos cerrados deseé abrir pero estos no cedieron a la máxima fuerza de mi voluntad, mis párpados pesaban y tenía esa sensación de cansancio como si no hubiese dormido en días…
El frío gélido se volvió mas intenso y después doloroso, esta vez si logré sentirlo como algo propiamente físico, como si cayera al interior de un lago congelado, incluso veía el tumulto de las aguas frías envolverme y jugar esporádicamente conmigo, miles de cuchillos discernieron por todo mi cuerpo, un grito ensordecedor perforó mis oídos, lo escuché antes de sentir como desgarraba mi garganta y cálidas lágrimas recorrieron mis mejillas desbordando las barreras de mis ojos cerrados con fuerza. Mis manos se cerraron en el hielo que hirió mi piel e hizo arder mis dedos entumecidos. Otro grito salido de mi boca me estremeció.
Agradecí cuando el frío empezó a esfumarse y noté que era sustituido por un calor agradable, entonces, solo entonces el miedo desapareció.
A lo lejos, demasiado lejos, escuché susurros in entendibles; mi corazón se aceleró excitado de emoción, una agitación desbocada, no recordaba la última vez que me había alegrado tanto por saber que había una persona alrededor, normalmente rehuía de los demás por incomodidad a ellos, pero ahora su presencia era necesaria.
“Ayúdame…” pensé con ahínco e impotencia una y otra vez, con tanto ímpetu y deseo que como un hecho mágico mis labios se despegaron y fui capaz de pronunciarlo con voz ronca.
— Sh… —Dejó caer un dedo en mis labios—Todo va a estar bien, lo prometo.
— ¿Engel? —Mustié incrédula.
Mis párpados cedieron a su impertinencia y me permitieron ver una vez más aquel rostro llamativo. Su silueta se veía borrosa pero conocía tan bien sus rasgos que mi mente complementaba la idea formándolo casi real; exuberante, ese rostro que siempre me había parecido hermosamente insultante.
Esbozó una sonrisa torcida y sus dedos fríos recorrieron mi frente. Fruncí el entrecejo con molestia.
—Te odio…—le dije con recelo.
—Y yo a ti—Murmuró.
— ¿Qué sucedió? —Quise saber. —Explícame… todo.
Se inclinó y besó mi frente.
—Cierra los ojos.
—Dime.
—Duerme.
—No… quiero…
Sus dedos bajaron hasta la altura de mis ojos, parpadeé y vi una luz incandescente que cegó mi mirada y me obligó a cerrar los ojos. Quise mover mi mano para apartar la suya, pero sentía mi cuerpo tan pesado como si estuviera hecho de roca, y cada vez pesaba mas, estaba tan cansada que pese a mis deseos de permanecer despierta me dejé llevar por la agradable sensación de libertad.
Abrí mis ojos lentamente.
No valía la pena pensar que todo pudo ser una pesadilla más, no valía la pena aferrarse a la idea de que nada había sido real porque aunque no me gustase, cada suceso ocurrido anteriormente y que me había llevado al momento de incertidumbre y confusión en el que me encontraba ahora, era tan real como el dolor que entumecía mi cuerpo.
Moví la cabeza de un lado a otro tratando de reconocer el lugar, mis ojos se encontraron con un Engel dormido a mi lado, acunándome en sus brazos, parecía tan tranquilo y en absoluto amenazador como la noche anterior. Me sonrojé al ver su pecho descubierto y encontrarme acurrucada en el, alejé mis manos de su torso desnudo lo mas que pude y me encogí en el pequeño espacio que me correspondía. Hacía demasiado calor y traté de deshacerme de la manta que nos cubría, cuando mi mano se deslizó a través de esta me di cuenta de que se trataba de esas extrañas alas cubiertas de plumas negras, quité mi mano inmediatamente y me quedé rígida en mi lugar sin saber que hacer. Tragué saliva y me alejé más hasta que mi espalda chocó con las mismas alas. Estaba entre la espada y la pared… entra las alas y el torso desnudo de Engel.
Me pregunté si debía despertarlo o dejarlo dormir. Ninguna de las dos opciones me parecía mejor que otra.
Suspiré resignada y me quedé arrinconada a su lado, paseando la mirada de un lado a otro, lejos de las alas o su pecho, reparando mejor en los detalles del lugar que había servido de refugio, el techo, al igual que las paredes laterales estaban hechas de roca y el suelo era duro y áspero, lo que me hizo adivinar que estábamos en el interior de una cueva. Había rastros de una fogata a lado y mis pertenencias un poco más allá.
Y, en aquel momento donde no podía hacer nada mas que observar los peñascos formando la cueva, las formas mas curiosas de algunas rocas y escuchar el goteo de agua en algún lugar lejano del interior, empecé a aclarar mi mente, pensando y haciendo un recuento de todo lo que había pasado el día anterior del cual me parecía que habían transcurrido siglos y no horas. Pintaba como una historia de fantasía pero no lo era, mi vida había cambiado tanto en tan poco tiempo que era un poco difícil asumirlo como realidad y terminar acostumbrándose, además se creía que aquello solo había sido el principio de lo que venía a continuación y no estaba segura de estar lista por lo que empecé a hacerme ideas de lo mas descabelladas y locas, sacando material de sobra de los muchos libros que había leído; pronto, una verdad ficticia se formó en mi mente, me aferré a ella como si fuera mi verdad hasta el punto de quedar casi convencida de todo.
Engel era un demonio que había tratado de matarme desde que me conoció y me había llevado a caer directo en su trampa mediante engaños, mediante esa belleza que no era más que una máscara del monstruo que de verdad estaba dentro de él. Su familia me odiaba y… y recordé algo.
Mis manos palparon la parte de mi estómago, pero llevaba encima la chaqueta de Engel, deshice el cierre y desabotoné la camisa que también era suya hasta encontrarme con la mía, me estremecía al ver el color rojo oscuro extenderse casi por toda la parte delantera de mi blusa desgarrada, la levanté en busca de alguna herida que no estaba.
Pegué un salto y contuve la respiración cuando Engel comenzó a moverse.
—mhn… ¿Estás despierta? —Preguntó amodorrado.
—N… no.
Se restregó los ojos con una mano y los abrió. Solté un grito ahogado al encontrarme con un par de maravillosos ojos azules, brillantes, llameando en la sombra de la cueva, tan magníficos como cuando eran rojos.
—Mentirosa.
—Tu también. —Dije con amargura tratando de despegar la mirada de sus pupilas y concentrarme en mi enojo. — Ahora si vas a explicármelo todo.
Frunció los labios.
—Y quítame tus… alas de encima.
Me devolvió la mirada con hostilidad, se incorporó y el peso de sus… alas dejó de caer sobre mi cuerpo, me estremecí de frío, pero me puse de pie y me senté en otro extremo de la cueva con los brazos cruzados a la espera de explicaciones.
Desplegó las alas batiéndolas una vez y lanzando un bostezo estiró sus brazos desperezándose.
—“Buenos días, Engel. ¿Cómo dormiste?” —Recitó— “Buenos días, Anne, excelentemente bien ¿y tú?” “Bien, gracias por salvarme la vida” “No fue nada” “¿Quieres que te prepare el desayuno como muestra de mi gratitud?” “Por supuesto…”
La sangre hirvió dentro de mis venas. Apreté los puños y me puse de pie de un salto.
— ¡Basta! —Le grité —Deja de burlarte, deja de comportarte como un niño, no finjas que no pasó nada, no evadas lo obvio. Ya me cansé de ser tu juguete ¡exijo que me digas todo!
Me acerqué y lo empujé hacia atrás con todas mis fuerzas; apenas retrocedió un paso.
Engel sonrió burlón, frunció el entrecejo y ladeó la cabeza hacia un lado observándome con atención como si observara un fenómeno muy curioso, volvió a batir sus enormes alas esta vez con mas fuerza que sentí una ligera ventisca golpearme directamente, retrocedí alarmada y largó una carcajada que resonó en cada espacio hueco de la cueva.
Gruñí enfurecida, me agaché, tomé una roca y se la lancé, la roca quedó suspendida en el aire a unos cuantos centímetros de su nariz, de pronto se hizo añicos volviéndose montón de polvo.
Me quité su chaqueta y su camisa, las tiré al suelo con desdén y caminé con paso firme rumbo a la salida, dispuesta a no soportar más humillaciones provenientes de él. Yo podía vivir sin Engel Jackocbsob y sus… alas.
Apareció delante de mí en un abrir y cerrar de ojos, me sobresalté al tenerlo ahí cuando segundos antes había estado a varios metros a mis espaldas, me sonrió seductoramente, esa maldita sonrisa que dejaba sin palabras a cualquiera y que hacía latir mi corazón de forma ridícula; me paralicé solo un momento antes de retroceder un paso para verlo directamente a los ojos devolviéndole la mirada, furibunda. Aparentemente que yo supiera su misterioso secreto solo había hecho que aumentara su ya engrandecida arrogancia.
—Si vas a jugar conmigo y a burlarte todo el tiempo lo mejor será que te apartes de mi camino. —Le advertí a la defensiva.
— ¿Por qué me tienes miedo? —preguntó con serenidad.
— ¿Miedo? — inquirí arqueando una ceja. —Yo no te tengo miedo. ¿Por qué me intimidaría una arrogante lombriz rumana emplumada?
Esbocé una sórdida sonrisa cuando la suya se desvaneció.
Había una extraña sensación en mi estómago, mi corazón latía demasiado rápido y enloquecía cuando me atrevía a mirar sus profundos ojos azules, sentía que los había visto antes, que los conocía de siempre pero el desconcierto no podía esfumarse, algo extraño se ocultaba en sus ojos, algo que antes no estaba y me obligaba, pese a no desearlo, a pensar que ese Engel no era el mismo que había conocido pero que ya había visto, mirada vacía y frívola, incluso su aspecto parecía diferente y mas sobrenatural que de costumbre, no tenía nada que ver con las alas.
—Claro que si, a mi no me puedes engañar de ninguna manera—dijo átono. —Descuida no te voy a matar, no aún…
Solté un bufido y puse los ojos en blanco.
—Si quisieras matarme lo hubieras hecho hace mucho o no te hubieras molestado en salvarme la vida, porque es obvio que fuiste tu con alguno de tus poderes de chico raro… pudo ser esa cosa que haces con las manos…
—Inteligente respuesta. —me apremió apesadumbrado. —El punto es que no te puedo dejar ir, no así, ahora que sabes “la verdad” y tienes una vaga idea de mi naturaleza… no puedo dejar que te vayas.
—Claro que puedes—objeté— si le cuento a alguien nadie me creerá y terminaré en una clínica psiquiátrica, pero aún así no le diré a nadie, solo quiero saber la verdad sobre ti, quiero que respondas mis interrogantes.
— ¿Por qué?
—Porque para mi es importante, odio vivir con dudas, sobre todo si a mi conciernen. Detesto las mentiras y detesto más creer en ellas. Me metiste en medio y ahí están las consecuencias. ¿De verdad creíste que podrías fingir siempre?
—Si quieres que te cuente todo ¿Por qué intentas irte?
—Si tú no me das lo que quiero lo buscaré por mi misma, no importa lo que tenga que hacer para conseguirlo. —Traté de imitar lo mejor posible esa sonrisa confiada y su tono despectivo. — “Insisto cuando mis intereses personales están de por medio”.
Rió ligeramente. Me encogí de hombros y pasé por su lado con tranquilidad.
—Adiós.
—Está bien, lo haré. —aceptó al fin deteniéndome.
Me mordí el labio conteniendo el dulce s.
—Pero te advierto que es una larga historia…
—Tengo mucho tiempo.
—…y no será de tu agrado—continuó.
—Correré el riesgo.
—Es algo a lo que no estás acostumbrada… —siguió.
Suspiré exasperada, me puse delante de él, mirándole seriamente.
—Desde hace mucho me hice a la idea de que había algo extraño en ti, de hecho… pensaba pedirte explicaciones en cuanto te dignaras a aparecer. Es lógico que haya cosas que no entienda, que me parezcan desagradables, extrañas y monstruosas, pero es normal que así sea, he vivido casi diecisiete años en un mundo donde nada sucede.
Torció el gesto.
—Eres un problema andante. Sentémonos
Levantó su mano e indicó el interior de la cueva, se adelantó y tomó asiento en el suelo, lo seguí un minuto después y me senté delante de él observándolo con atención, aquella situación me trajo a la mente recuerdos de la infancia cuando me sentaba delante del abuelo a escuchar sus historias de fantasía.
— ¿Es verdad que eres un demonio? —pregunté impaciente.
—No. Sólo la mitad de este… soy un híbrido. Mi madre es un ángel y mi padre es un demonio.
— ¿Y por que…?
—Para que entiendas debo empezar desde el principio. —me cortó antes de que terminara de formular la pregunta. —Es complicado y no repetiré nada, puedes preguntar si no entiendes algo en concreto. Al final resolveré tus dudas sobre los acontecimientos mas resientes.
Asentí con la cabeza.
Recargué mi cuerpo contra la pared de la cueva y lo miré expectante a la espera, ansiosa de que iniciara su relato.
—Todo comienza con lo mismo de siempre, aquello que nos involucra a todos y que es primordial para el inicio de mi como un ser viviente.
»El bien y el mal… Estas dos fuerzas siempre, desde que la existencia existe, han estado en una constante lucha, una queriendo subsistir sobre la otra. En términos del hombre no te diré cual es la buena y cual es la mala, eso es algo que no me corresponde a mí y que no entiendo, tal vez porque no pertenezco a ninguna, o tal vez porque creo en el equilibrio, o porque no me importa. Esta lucha es tan antigua que se ha olvidado la verdadera razón por la que empezó, lo único que se recuerda es que ha cobrado miles de vidas de ambos bandos. Una y otra vez, a lo largo de los siglos estas guerras se desarrollan, porque “el bien” y “el mal” no pueden durar mucho tiempo en una estado propiamente pacífico y la tensión se acumula hasta que, en un momento, cualquier situación, por insignificante que sea hace estallar una guerra, lo mismo sucede con los humanos, es como un vaso vacío que se va llenando gota a gota, hasta que llega el momento en que una gota derrama el agua contenida. Te preguntas que tiene que ver esto con mi historia, pues la respuesta es: todo. Yo… nací de una de estas guerras, fui creado con un propósito, bajo un plan, unión de un engaño.
»En pleno siglo XIX había una lucha que estaba a punto de terminar, su conclusión sería nuevamente un igual, siempre era así, nadie perdía, nadie ganaba; a los ángeles les importaba la seguridad de los humanos, no permitirían que la Tierra fuera destruida, no permitirían que los demonios se apoderaran de su reino; por su parte los demonios, querían molestar ángeles, saciar sus deseos asesinos, cobrar vidas y jugar con las almas humanas, otros, se podría decir que un poco mas inteligentes, trataban de asegurar su futuro de cualquier forma, mi padre era uno de ellos. Tenía y tiene las cualidades, es ambicioso, no se conforma con ser un servidor más, él desea más que la honra, respeto y miedo de los otros, lo quiere todo, y una vez que se propone hacer algo lo hace.
—Se parece a alguien que conozco—le interrumpí
Por primera vez una ligera sonrisa espontánea, lejos de ser despectiva, cruzó su rostro pero se desvaneció de inmediato.
—Era mi madre el objetivo. Era un ángel joven, en el lugar y momento equivocados. Verás, hay tres formas en que los ángeles surgen: La primordial, son creados, esta clase de ángeles tienen misiones específicas que cumplir; la segunda es por elección, se refiere a que cuando muere alguien cabe la posibilidad de que su alma sea compensada y recibe una especie de segunda oportunidad, tiene que ver con los actos que hiciste en vida; y la tercera, es por nacimiento, la unión entre dos ángeles.
—Creí que los ángeles no podían… tu sabes… eran castos…—confesé avergonzada.
—La mente humana ha forjado ideas erróneas sobre los actos, todas las personas tienen razones para actuar, y todas son justificables, asesinar a alguien, el adulterio, la ciencia… el hombre tiene una gran habilidad para juzgar, pero no tiene la capacidad para analizar. Supongamos que una chica es obligada a casarse con un hombre al que no ama, eso la lleva a cometer el adulterio al engañar a su marido con aquel hombre al que si ama; el amor es un sentimiento, el amor es… justificable, al criterio de los ángeles y todo lo “divino” el “pecado” de aquella chica no es malo, sino noble. Los ángeles son arrogantes y creen saberlo todo, si de verdad obras “mal” debe ser castigado… si no, eres perdonado, pero aún así ellos son tan asquerosamente “buenos” que no castigan a nadie, tan virtuosos que perdonan. El perdón es una virtud… Pero el punto es que, en general, tener una relación sexual con alguien no es malo, por alguna razón el sexo existe, por alguna razón perpetuar la especie tiene que ver con el sexo, si no fuera correcto, no naceríamos por la unión de dos seres. Y ellos no lo llaman sexo, para ellos es un acto de amor; fue Lujuria quien le dio ese nombre, el sexo es tomar a un hombre o una mujer por un placer banal, no tener saciedad, hacerlo únicamente por diversión o distracción…
»Volviendo al tema principal, mi madre era joven, era una recién elegida y mi padre lo supo al momento de verla luchar, su miedo, su caridad inocente (tienen que pasar muchos años para que un elegido pierda por completo su humanidad), entonces mi padre supo que tenía una gran oportunidad, el lo llama “regalo divino”.
»Se conocieron en aquella guerra, Stephanoff, mi padre, logró enamorar fácilmente a Eleanor, mi madre. Ella era fácilmente manipulable, cualquier sentimiento que pareciera noble lograba convencerla con facilidad, ella desconocía las tácticas sucias que los demonios usaban, pues como te digo era demasiado joven como para sospechar lo que sucedía a su alrededor. Stephanoff en cambio sabía perfectamente lo que haría y como debía hacerlo, él tenía muchas experiencias pasadas y Eleanor era un trabajo sumamente sencillo.
»La ingenuidad de la chica la llevó a su perdición. Cuando mortal siempre deseó enamorarse, y vio en Stephanoff esa oportunidad, no le importó que fuera el enemigo y no se detuvo a pensar las consecuencias que aquello le traería en el futuro, el amor que sentía por ese hombre la cegó por completo, cada palabra cuyo significado denotaba algo bueno, cada palabra que salía de los labios de él la convencían de su reivindicación, de que él no era como los demás demonios dispuestos a destrozar el mundo a su paso, sin escrúpulos para destruir la vida humana, para ella Stephanoff era piadoso, demasiado bueno, incluso se atrevió a defender humanos frente a sus ojos, fingir una revelación contra los suyos.
»Su amor por supuesto, era un amor prohibido y todo el tiempo se escondían para estar juntos. Como la típica historia… Los ángeles podían llamarse Capuleto y los Demonios Montesco.
»Creo que podrías entenderlo mejor si lo vez por ti misma… Cierra los ojos, no te preocupes, te prometo que no dolerá ni te haré daño, puedes interrumpirlo cuando quieras, será como un sueño, pero a diferencia de los sueños, este es más consciente.
Extendió sus brazos hacia mí, dudé, no sabía si confiar en él, sus ojos azules me miraban fijamente; entonces asentí con cautela y cerré los ojos. Al fin y al cabo me había salvado la vida, no tenía sentido que ahora quisiera quitármela. Sentí sus manos a cada lado de mi cabeza, y sus dedos sobre mi enmarañado y sucio cabello. Me preguntaba que era lo que tenía que suceder cuando tuve una sensación de vértigo en la boca del estómago, y en la oscuridad de mi mirada empezaron a formarse volutas de humo multicolor que poco a poco empezaron a tomar forma hasta crear un escenario real.
Al horizonte, el sol se estaba poniendo entre un par de montañas nevadas, el cielo se había teñido de rojo y dorado por culpa de los rayos del sol que se extinguían lentamente como las brazas ardientes de una fogata, de púrpura y añil por los nubarrones que nadaban en aquel inmenso mar; había llovido antes, una ligera llovizna de abril, el frescor de las hierba húmeda se sentía en el aire y el viento traía consigo el olor de la tierra mojada.
Aparté a mí pesar la mirada de aquel espectáculo, de ese atardecer como nunca antes había presenciado, me tenía hipnotizada y fue difícil deshacerse de él, pero era más importante saber donde estaba y que hacía ahí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando unos largos y delgados dedos se movieron acariciaron el torso de mi mano y se cerraron entrelazados con los míos, era una mano fría. Terminé de salir completamente de mi ensimismamiento cuando él, Engel, estuvo a mi lado y recordé que no estábamos aquí, en este sueño, para ver juntos el atardecer como una pareja romántica idealizada en el final de una película de amor. Definitivamente eso quedaba muy lejos de lo que éramos en realidad. Alcé el rostro para ver el suyo, pero no me prestaba atención a mí, sus ojos estaban fijos en un punto, perdida su mirada en aquel horizonte eterno; después me di cuenta que no miraba a la nada, seguí ese camino invisible que dejaba y noté a lo lejos, sobre la cúspide de un acantilado, una pequeña figura; los reflejos solares la hacían parecer solo una sombra oscura.
Empezamos a caminar hacia aquel lugar y pronto la sombra empezó a tomar forma, la figura amorfa se convirtió en una silueta femenina, de complexiones delgadas y delicadas, su cabello rojo revoloteaba con el viento, vibraba como fuego crepitante… ella era una muchacha, poco mayor que yo tal vez.
Entonces, se volvió lentamente, pude confirmar algo que ya sospechaba: ella era hermosa. Su cara era una imagen deseable, no era hermosa al punto de parecer una modelo de portada de revista, era hermosa en un sentido de pureza. Bajo sus pequeños ojos, la piel blanca de su rostro se enrojecía ligeramente y un montón de pecas adornaban sus mejillas y nariz, tenía los ojos azules, intensos y brillantes, como lo eran los de Engel ahora, adiviné que era un ángel pese a no tener alas.
—Mi madre—susurró Engel.
Me pareció escuchar desagrado en su voz al pronunciar la palabra “madre”.
La muchacha abrió su pequeña boca en forma de “o” y me pregunté si era capaz de vernos, su rostro sereno se iluminó con una sonrisa, sus ojos se iluminaron con un brillo especial y abandonó la punta del acantilado, danzando con naturalidad hacia donde nos encontrábamos; siguió avanzando con el mismo entusiasmo aún cuando ya estaba a un par de metros de nosotros, siguió como si no estuviéramos ahí, interpuestos en su camino, chocaría contra nosotros, pero no sucedió como esperaba, el cuerpo de la chica atravesó los nuestros cuan par de imágenes invisibles, fantasmas o algo parecido, ni siquiera logré sentirlo.
—En este mundo no somos reales, ellos no nos ven ni nos escuchan… —anunció Engel pacientemente.
Giró sobre sus talones y dio media vuelta para ver hacia donde había ido su madre, entendí porque su entusiasmo repentino, no se debía a que nos recibía con gusto; ella había estado esperando a alguien y ese alguien acababa de llegar, se encontraba a nuestras espaldas.
Los brazos de la madre de Engel se enroscaron en torno al cuello de otro muchacho, acercó su rostro al suyo y dejo caer sus labios sobre los de él, regalándole un corto beso que el chico correspondió.
—Mi padre. —y volví a notar el tono aprensivo en la voz de Engel.
El muchacho era muy guapo, se parecía mucho a Engel, excepto porque su mentón era mas amplio, su peinado distinto y sus hombros mas anchos, pero en cuanto a las facciones del rostro eran las mismas, sus ojos de plata y la característica sonrisa arrogante, tenía ese “toque” que había visto únicamente en un solo chico, en su hijo.
—Stephan…
—Eleanor tenemos que irnos, lo saben. Y los tuyos lo sabrán pronto.
— ¿Irnos? ¿A dónde? Yo no puedo irme.
Stephan entornó sus ojos y dejó caer el peso de su mirada sobre Eleanor.
— ¿Me amas? —preguntó con voz profunda, casi seductora.
—Claro que si, pero lo que pides es imposible, lo nuestro es imposible.
—Eleanor… por favor, huyamos de todo, basta de hacer lo que otros esperan que hagamos, de ser lo que otros esperan que seamos; esta guerra inútil no es mía ni tuya, comencemos una vida distinta, lo dejaré todo por ti, nos será fácil mezclarnos entre los humanos y desaparecer del mapa.
—Pero…
—Sh… —La silenció besándola en los labios—Todo estará bien, lo prometo —La miró directamente a los ojos— Si no vienes ahora conmigo… esta será la última vez que nos veamos, yo no quiero eso, pero seguir así es peligroso, mas para ti que para mí y no quiero que te hagan daño.
—Stephan…—la voz de Eleanor se quebró al pronunciar su nombre.
—Adiós, Eleanor.
Stefan la besó por última vez y dio media vuelta, se alejó con la cabeza gacha y las manos dentro de los bolsillos del pantalón; Eleanor, por su parte, se quedó plantada sobre el suelo, observando como él se iba, su rostro se cubrió con una máscara de dolor, sus ojos se llenaron de lágrimas que no tardaron en desbordar sus párpados y rodar silenciosamente por sus mejillas, una lágrima siguiendo a la otra, un llanto incontrolado y silencioso. Me crucé de brazos y respiré hondo, sentí el dolor de Eleanor como mío, su tristeza lograba contagiarme,
El paisaje se desvaneció tan fácil como se había formado, el atardecer, el cielo oscureciéndose, la luna revelándose, las primeras estrellas, las montañas y el olor a hierba húmeda se volvieron de nuevo volutas de colorido humo que segundos después fueron nada, y la oscuridad sobrevino, pero ahora Engel estaba ahí, pensativo.
— ¿Qué ocurrió después? —Pregunté observándolo.
—Eleanor hizo lo que nunca debió hacer. Cayó en la trampa de Stephanoff y fue tras él; cada palabra que él dijo fue planeada sabiendo las consecuencias que traería, ella estaba ciegamente enamorada de él como ya te he dicho y ya has visto, pero él no sentía absolutamente nada, ambición probablemente ambición, pues un demonio no es capaz de sentir amor…
»Después de eso, se fueron a Irlanda, un remoto pueblito prácticamente perdido de todo, se adaptaron como si fueran humanos, ocultando sus presencias para no ser descubiertos; se instalaron en una casucha, la sencillez de esa nueva vida le dio un punto mas de confianza a Eleanor sobre Stephan. Y, esa misma noche, entre la luz mortecina de unas velas y en una pequeña y polvorienta habitación, el plan se consumó. El placer, el amor de ella y la lujuria de él inundaron la habitación en el acto. Él la hizo suya.
»A la mañana siguiente, cuando Eleanor despertó, Stephanoff se había ido para siempre. Ninguna carta, ninguna explicación, solo había dejado los vestigios de una victoria; claro que ella no lo supo de inmediato; probablemente deseó morir en ese momento, pero no estaba segura si podía volver a hacerlo, tal vez se deprimió, no lo se, pero estoy seguro de que nunca antes había sentido una tristeza tan grande. No supo que hacer, había violado las reglas de los suyos y de alguna manera también los había traicionado; se mantuvo escondida por miedo, siguió el plan anterior pero con la diferencia de que esta vez no había ningún Stephan acompañándola y tampoco había un “felices por siempre”. No pasó un tiempo considerable para que ella se diera cuenta de que estaba embarazada… ojala nunca hubiera sido así… aunque quizá eso fue lo que le salvó la vida, la salvó de el “no deseo” y de la desdicha. “Tuvo una nueva razón para seguir luchando”… según sus palabras.
»Era un crudo invierno, exactamente Diciembre de 1841; Eleanor abandonó Irlanda y terminó asentándose en un pueblo de Escocia. Consiguió un trabajo como dama de compañía hasta que su condición se lo permitió.
Se hizo un silencio, pensé que tal vez quería que añadiera algo pero no lo hice porque no sabía que decir, era algo que tenía que asimilar y aún no sabía como, tampoco estaba segura de cual era mi opinión al respecto, lo único en lo que podía pensar era que odiaba a Stephanoff. Abrí la boca para pedirle que continuara, pero me detuve cuando la oscuridad cernida aún sobre nosotros, se volvió a cubrir de las danzarinas volutas de humo multicolor, sin embargo, esta vez no tomaron forma de un hermoso atardecer en las montañas, esta vez fue una habitación lo que tomó forma, una pequeña y cuadrada habitación.
Las ventanas estaban abiertas de par en par y una luz matinal se colaba entre ellas partiendo la habitación en dos con la luz clara del sol; distinguí al fondo una cabellera rojiza que reconocía como la de Eleanor, pasaba un peine entre los finos hilos de su cabello de fuego y al mismo tiempo tarareaba una melodía, una canción que era hermosa solo porque su voz la interpretaba. Dejó el peine sobre el tocador y se puso de pie, fue entonces cuando noté un enorme bulto bajo su blanco vestido de algodón, tiempo había pasado y ella había cambiado mucho.
Abandonó la habitación.
Engel tomó mi mano y la seguimos, entramos en otra estancia igual de pequeña que la anterior, a diferencia, esta, parecía ser la cocina, se adornaba con una sola mesa interpuesta entre un par de sillas de madera, una especie de estufa enfrente y unas estanterías rústicas en el fondo.
—Hora de desayunar, mi angelito—dijo acariciando su vientre abultado.
Engel hizo una mueca con sus labios y volteó la mirada hacia otro lado maldiciendo en voz baja mientras Eleanor preparaba té y comenzaba a cortar unas frutas, de nuevo comenzó a tararear la melodía, parecía feliz.
De pronto, el cuchillo escapó de sus manos y cayó al suelo con un ruido metálico, se apoyó sobre la pared y se dirigió temblando hacia una de las sillas, en su rostro se hallaba dibujado el dolor, se sostuvo el vientre y se encogió cerrando con fuerza sus ojos, cuando los abrió estos se habían vuelto brillantes.
—Eleanor… cuanto tiempo sin verte—dijo una voz masculina a nuestras espaldas.
El rostro de Eleanor ya distorsionado por el dolor se transformó en una máscara de horror, y, doblada con la mano sobre su vientre, sosteniéndolo de forma protectora, alzó la mirada.
Por un momento pensé que se trataba del padre de Engel, me volví rápidamente para confirmar que no era él.
Parados sobre el umbral de la puerta estaban un par de hombres revestidos con sotanas color café, parecían un par de monjes. Uno de ellos, el que iba delante era rubio de cabellos largos hasta los hombros cayendo como una cascada rizada a ambos lados de su rostro, sus ojos eran tan azules como los de Eleanor, miraba a la chica con expresión seria y no se conmovía con la situación que ella estaba pasando. El otro hombre de cabello castaño y corto, tenía sus ojos verdes posados sobre ella y sus cejas estaban fruncidas mostrando preocupación, en su cara se notaba que ponía toda su fuerza de voluntad para no abandonar su lugar e ir a ayudarla.
Ambos entraron a la cocina y se quedaron parados a un par de metros de la mesa.
—Veo, que has estado ocupada. —Empezó a decir el hombre rubio con tranquilidad, pero al mismo tiempo se mostraba severo—Con tus actos has deshonrado la pureza conferida por los altos mandos y mereces ser castigada.
—Gabriel… creo que va a dar a luz…—interfirió el otro hombre.
—Esa criatura que lleva dentro no merece ver la luz de este mundo ni del nuestro. —Le dijo.
—Por favor… él no es culpable de nada—mustió Eleanor entre dientes.
Una lágrima se escapó de sus ojos.
—Es un monstruo unión de un pecado.
—Es mi angelito…—repuso ella jadeando— y daré mi vida… a cambio… de la… suya…
“Sobre mi cadáver” parecía decirle Eleanor a Gabriel con esa mirada tierna enfebrecida por el tacto maternal. El ángel se acercó hacia ella y se arrodilló a su lado, le devolvió una mirada retadora pero al mismo tiempo le sonrió con dulzura paternal pese a la enemistad recién empezada. Cauteloso, el otro ángel se adelantó unos pasos de su lugar. Entonces, un haz de luz brillante cubrió la mano de Gabriel que se hallaba escondida de la vista de Eleanor.
Ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. La luz brillante había tomado la forma de una daga, que, pareciese ocurría en cámara lenta, la punta se dirigía hacia el vientre de Eleanor.
— ¡No! —Grité por instinto.
Sin darme cuenta de lo que hacía salté hacia delante queriendo detener a Gabriel a toda costa, pero Engel posó su mano sobre mi hombro como si hubiese adivinado mis movimientos antes de ejecutarlos, tal exaltación se esfumó; recordé que en aquel momento mi cuerpo y mi presencia no eran mas que una ilusión.
Al mismo tiempo, el otro ángel que antes había estado alerta, como si supiera que algo iba a suceder, apareció detrás de Gabriel y detuvo su mano antes de que la daga cayera en su blanco. El rostro de Gabriel, reflejaba el asombro de que aquel hombre bajo su mando se sublevara y fuera en contra de lo que él imponía, pero no se dijo ninguna palabra, al menos no ninguna que fuese pronunciada en voz alta y escuchada a los cuatro vientos. Se lanzaron miradas enfadadas y Eleanor con el mayor de los esfuerzos se puso de pie dejando caer la silla al suelo y alejándose de ambos ángeles, con las mejillas cubiertas de lágrimas, apoyándose forzosamente sobre la pared, casi doblegándose, a punto de caer al suelo, pero ella estaba dispuesta a luchar de alguna forma, hasta el último momento por esa criatura que crecía en su vientre y que quería ver la luz del día.
— Es un monstruo…—dijo un encolerizado Gabriel.
—Es una vida—repuso el otro— nosotros no somos nadie para quitarla, si ha llegado hasta aquí es por que tiene un destino que cumplir, y ni tu, ni yo vamos a interferir en los planes designados para él.
—Tú no puedes interferir en estos asuntos…
— ¿Por qué? —inquirió el muchacho a la defensiva. — ¿Es que tu rango te hace sentir superior? ¿Quién es el que obra mal ahora, Gabriel? Me sorprende que tu posición haya consumido tu nobleza trasformándola en soberbia.
El muchacho se acercó a Eleanor y la levantó en sus brazos, le sonrió y llevándola al dormitorio continuo susurró “todo estará bien”.
—Todo ser tiene razones para actuar; el arrepentimiento de nuestros actos llegará después. —Recitó Gabriel solemnemente— Que la divina gracia los proteja.
Y dicho aquello desapareció como por arte de magia, como si el aire lo hubiese consumido reduciéndolo a un montón de polvo plateado que un viento inexistente dispersaba por todo el lugar.
La cocina quedó vacía salvo por nuestra presencia, su espacio ya estrecho pareció reducirse aún más cuando el silencio profanó cada rincón muriendo por completo la penosa escena anterior; allá afuera una lluvia comenzó a caer ligeramente y arreció de un momento a otro, como si la naturaleza misma estuviera enfurecida, los truenos perforaron aquel silencio y que apenas osaba interrumpirse por los gritos agónicos de una mujer, gritos que casi se perdieron entre los ruidos de la tormenta, gritos seguidos por el llanto de un bebé…
Nuevamente la negrura del espacio vacío estaba allí.
— ¿Qué sucedió después? —pregunté con ansiedad.
—Hubo un juicio—respondió Engel vagamente— del cual no tengo los detalles, solo sé aquellos que se deducen por los hechos. Al pequeño monstruo se le permitió vivir, algunos objetaron que al ser mitad ángel podría ser educado para obrar a favor del llamado bien, y si se le imponía y enseñaba acerca de lo bueno, su naturaleza de demonio quedaría escondida.
»Eleanor y el otro Ángel, Dariel, habitaron el mundo terrenal, junto a los humanos criando al engendro como hijo de ambos. Supondrás que terminaron siendo una pareja o algo parecido. Vivieron algunos años como una familia; Engel, como nombraron a ese bello, inteligente, agraciado y magnífico híbrido, se comportó como se supone que debería comportarse… bueno, no exactamente, pero lo intenté.
—Espera… ¿Estás diciendo que tienes ciento sesenta y seis años? —pregunté incrédula.
—Ciento sesenta y siete en Julio para ser exactos. —Sonrió. — La vejez y el paso del tiempo solo quedan marcados como un… recuerdo en nuestra mente, vemos los años pasar delante nuestro como si fueran días. Al principio crecemos como si fuésemos niños “normales” excepto por nuestra mentalidad que se desarrolla muy rápido y tienes conciencia e ideas propias antes de lo que te puedas imaginar, pero físicamente llega un momento en el que el tiempo deja de afectarnos y muchos años humanos llegan a ser uno nuestro, después llegará un momento en el que decida cual será mi aspecto (simple vanidad demoníaca). Al menos así sucedió conmigo y mis dos hermanas, no puedo asegurar que todos son iguales.
—Dos hermanas… —susurré con voz apenas audible, la voz que apenas logró salir de mis labios.
Recordaba claramente a la diabólica Valerie, pero recordaba con más claridad a aquella niña de ojos verdes y cabellos de fuego que había estado en alguno de mis sueños, Sophie; y apenas volví a evocar su recuerdo sentí una opresión dentro del pecho y al mismo tiempo sentí como si mi estómago se encogiera repentinamente.
—Sophie vino al mundo cuando habían pasado un par de años del “incidente”; debo admitir que al principio me mostré celoso al darme cuenta de que toda la atención ya no recaía precisamente en mí y odié a esa niña; te contaré un secreto: en mis pensamientos más profundos deseé matarla con mis propias manos. Nadie lo sabe, supongo, fue en ese momento en que mi otra naturaleza solía apoderarse de mí, no entendía que pasaba porque nadie se molestó en explicarme nada, nadie se molestó en decirme porqué yo era diferente a los demás, ni mucho menos se atrevieron a decirme que era un monstruo, un híbrido y que Dariel no era mi padre. Tal vez asumieron que era muy pequeño para asimilar tales noticias o que no era necesario que lo supiera, que era mejor que siempre pensara que yo era un ángel, pero de alguna forma yo sabía que no era igual a todos. Cuando obtuve mis alas noté que eran diferentes, no eran blancas como las de “mis padres” y después como las de Sophie, y sentí vanidad al saberme único entre todos los demás iguales.
»Sin embargo, los “malos” pensamientos eran cada vez más constantes, tuve envidia, soberbia e ira por primera vez y aunque me sentía bien por ello, una parte de mi hacía que me despreciara por atreverme siquiera a pensar en las cosas prohibidas, por ir en contra de lo que me habían inculcado. Eran el ángel y el demonio luchando por subsistir en un mismo espacio. Pero, con el tiempo eso fue cambiando, creo que Eleanor se dio cuenta de que me pasaba, aunque lo atribuyó a celos naturales, cuando hay un nuevo bebé en casa; ella me dijo que no importaba que Sophie estuviera ahí, ella y Dariel seguirían queriéndome como hasta entonces, me juró que todo estaría bien, me dio un beso en la mejilla y un chocolate… maldito chocolate. Con el tiempo Sophie se ganó mi cariño y aprendí a quererla, aquel desprecio desapareció y todas esas emociones, esos malos pensamientos se fueron también. Sophie y yo éramos buenos hermanos, la quería y la protegía… hasta que aquella agradable vida de ángel se arruinó una tarde; está bien, la arruiné y no me siento orgulloso, pero supongo que hubiera pasado tarde o temprano así que no encuentro arrepentimiento alguno…
Estaba tan inmersa en la historia de Engel que no me había percatado de que aquel paraje oscuro se había pitado de colores primaverales, que me había traído hasta aquella escena que me intrigaba como todo lo demás antes contado. Estábamos parados en medio de un prado, la maleza delgada y verde fresco nos llegaba por arriba de los tobillos y las flores apenas empezaban a hacer gala de sus colores, tan solo eran botones queriendo abrirse, las montañas nevadas reflejaban en ese blanco puro el color dorado del cielo.
Un par de niños pasaron corriendo a nuestro lado; la niña cuyos rojos rizos ondeaban en su cabeza como un mar agitado, voraz y salvaje, huía del niño que la perseguía; sus risas infantiles se adueñaron de aquel escenario de cuento de hadas, eran un par de niños hermosos, como esos que solo se ven artificialmente en los comerciales de publicidad de juguetes y golosinas, pero a diferencia de ellos, Engel y Sophie contaban con la inocencia y la gracia de una infancia feliz no imitada.
Sophie se tumbó sobre el pasto y sus rizos rojos se esparcieron en todas direcciones como un incendio devorando la verde pradera, o un campo lleno de rosas; Engel, se tiró a su lado y ambos miraron al cielo y cerraron los ojos dejando que el viento besara dulcemente sus rostros.
— ¿Qué quieres hacer ahora? —Preguntó Sophie a Engel.
—Tengo hambre… —dijo el niño seriamente sosteniéndose el estómago con ambas manos
—Tú siempre tienes hambre—le acusó ella.
— ¡Pero lo último que comí fueron unas galletas horneadas hace media hora! —Se quejó él.
—Y pan hace una hora, y tarta de manzana hace dos, y manzanas hace tres y ternera asada hace cuatro… nos dejarás sin comer por un siglo.
Engel bufó exasperado haciendo una mueca donde expresaba su disgusto, se cruzó de brazos y tomó aspecto caprichoso. Al parecer algunas cosas nunca cambian.
El pequeño se puso de pie y avanzó por el campo en dirección al precipicio que quedaba frente a ellos, donde terminaba el prado.
— ¿A dónde vas? —quiso saber la niña.
—Volaré. Espero que deje de tener hambre.
Sophie lo detuvo del brazo.
—No puedes, mamá dijo que no lo hicieras cuando ella no estaba.
Una sonrisa torcida se dibujó en el rostro del pequeño Engel, esa sonrisa que le hacía lucir terriblemente irresistible ahora, esa sonrisa maliciosa que me fascinaba, pero que en ese rostro pequeño y redondeado le hacía parecer un niño precoz.
—Mamá no se enterará si nadie se lo dice. — Se quitó la delgada camisa de algodón que llevaba encima y la lanzó, Sophie la tomó en el aire antes de que cayera sobre el césped.
En su espalda había dibujadas unas marcas oscuras llenas de florituras, empezaban desde la parte baja de su espalda siguiendo el camino de su columna abriéndose hacia los lados a la altura de sus omoplatos, similar a un tatuaje recién realizado cuya tinta aún estaba fresca. Las marcas comenzaron a desaparecer lentamente haciéndose pequeñas, como si fueran absorbidas por su misma piel y cuando no quedó ningún rastro esas alas de ángel, negras como la noche, surgieron del centro de su espalda.
—Engel… —suplicó Sophie con la mirada cristalizada.
El niño se soltó del agarre de su hermana y empezó a correr en dirección al precipicio, Sophie lo siguió lo más rápido que sus cortas piernas le permitían correr, pero Engel llevaba la ventaja y era obvio que nunca le alcanzaría.
Al llegar a la cúspide del acantilado el pequeño Engel se dejó caer al vacío; Sophie ahogó un grito y se detuvo en seco al observar la escena. Pasados un par de minutos Engel ascendió despreocupadamente a toda velocidad batiendo las pequeñas alas y después de deslizó tranquilamente por el cielo cuan libre y majestuosa ave.
Sophie que había empezado a llorar de desesperación se sorbió la nariz y corrió de nuevo deteniéndose al borde del peñasco.
— ¡Vuelve ahora! —Chilló— ¡Le diré a mamá! ¡Vuelve! ¡Vuelve!
No estaba segura si Engel la escuchaba, y si así fuese, parecía no importarle en absoluto, pues se divertía luciéndose de las piruetas que realizaba en el aire.
Sophie tampoco estaba segura si era su voz escuchada, gritó cada vez más fuerte entre llantos afligidos y llenos de miedo, cuando Engel descendió de nuevo hacia el fondo la niña se agachó y se asomó apoyando sus manos en las rocas.
— ¡Por favor…!
Su frase se vio interrumpida cuando las piedras de la orilla se desprendieron y sus manos resbalaron obligándola a caer hacia el frente. Un grito de horror resonó en todas las direcciones posibles.
Mi corazón empezó a latir rápido, cerré los ojos fuertemente, queriéndome alejar de la tragedia que se aproximaba. Y, en aquel espacio detrás de la barrera que quería crear en vano, la voz fría, vacía y monótona de él Engel adulto se escuchó en mi cabeza con claridad, pero no era él quien hablaba, si no mis recuerdos de una tarde de sábado.
Murió hace años”
A través de mis ojos apretados con fuerza huyeron algunas lágrimas y me pregunté porque Engel no se atrevía a cortar la escena, porqué quería presenciar otra vez la muerte de su hermana menor… entonces, unas palabras mas recientes, salidas de esos mismos labios llegaron a mi mente.
“No encuentro arrepentimiento alguno…”
¿Cómo se atrevía… era su hermanita…?
La mano de Engel se posó sobre mi hombro, me atrajo hacia él con un brazo y hundí mi rostro en su pecho.
—Anne… —Su voz, mas real y no evocada de recuerdos antiguos se hizo escuchar— Todo está bien.
— ¡¿Cómo puedes decir eso mientras tu hermana muere?! —Le reproché, me aparté de él golpeándolo con fuerza.
— ¿Mi hermana morir? —Preguntó desconcertado tomándome de las muñecas para que no siguiera golpeándolo. —Sophie no murió, ella está viva.
— ¿¡Qué!? —Esta vez la desconcertada fui yo.
— Te mentí. —Sonrió soltándome.
Sentí como la sangre hervía en mis venas, además de que me sentí completamente ridícula por mis reacciones. Levanté la mano dispuesta a abofetearlo, cuando mi mano se dirigía a plantarse con fuerza sobre su mejilla, la detuvo en el aire apretándola con fuerza.
Me miró directamente a los ojos con expresión seria.
—No te atrevas —dijo dándole un énfasis amenazante a cada sílaba.
— ¿Vas a hacerme algo con tus poderes demoniacos? —pregunté con orgullo e ironía levantando la barbilla con dignidad.
Se quedó en silencio mirándome con odio y soltó mi mano.
— ¿Quieres seguir con la historia o prefieres sacar tus equivocadas conclusiones?
—Haz lo que quieras. Eres tu quien intenta demostrar que no es un chico malo, no yo quien intenta verte de la forma equivocada.
—No intento demostrar nada; te recuerdo que solo quiero que veas los hechos tal cual sucedieron, entiendas y respondas muchas de tus preguntas. Fuiste tú quien quiso escuchar la historia, te advertí y no me quisiste escuchar.
—Si vas a continuar hazlo ya… —dije de mal humor.
—Había pensado que mostrártelo por medio de imágenes era buena idea, pero veo que no eres capaz de controlar tus emociones… humanos—resopló poniendo los ojos en blanco. —Si vas a interrumpir las escenas cada vez que haga algo malo no terminaremos nunca.
Estábamos en la cueva otra vez. Engel retiró sus manos de mis sienes y se alejó. Se puso de pie y caminó hacia la entrada, también me levanté recuperando el equilibrio le seguí ofuscada.
Me encontré con una clara y fría mañana de invierno. El cielo tenía un gris aperlado por el que no se filtraba ningún rayo de sol, pero el panorama lucía iluminado incluso con la ausencia del astro rey, quizá se debía a que el suelo, las rocas, las montañas y las copas altas de los árboles se hallaban revestidas de una capa de nieve blanca.
Llevé mis brazos al pecho cruzándolos con pertinencia para sentir el calor de mi propio cuerpo haciendo mínimo esfuerzo por que el frío disminuyera un poco y lamenté haberme deshecho de las prendas de Engel, pero me negaba rotundamente a regresar y demostrarle mi debilidad, era como una especie de lucha para demostrar quien era mas fuerte ya que él andaba como si nada con el torso descubierto.
— Sophie no murió porque detuve su caída—empezó a contar de nuevo cuando me puse a su lado—te dije que la quería y la protegía, mis reflejos eran buenos, yo podía detenerla sin dificultad, aunque antes pensé dejarla ir porque me había enfurecido tanto… pero de pronto mi yo sensato me impulsó a ir por ella. La tomé en brazos, el precipicio era profundo y mi velocidad asombrosa; ni siquiera sufrió un rasguño, solo estaba asustada. Volé de regreso al prado y la dejé caer con fuerza sobre el césped sin haber aterrizado aún, yo estaba furioso, sentí la ira recorrer mis venas, aumentaba cada segundo y no era capaz de controlarla de ninguna manera, era tanta la fuerza que sentí en mi interior que me fascino a sobremanera, era una fuerza extraordinaria que quería salir y me venció, el demonio que había vivido dormido en mi interior hasta entonces, despertó con ese mínimo impulso y no hice nada para detenerlo, por dos razones: no podía y no quería.
»Es un hecho innegable que no se puede estar de un solo lado todo el tiempo, mientras más trato de ocultar a uno su fuerza se acumula hasta que es imposible de contener y este reclama su lugar en el espacio.
»— ¡Eres un estorbo! — Le grité cuado estuve cerca de ella lo suficiente como para infundirle miedo.
»—Estaba preocupada por ti, pensé que…
»Empezó a decir ella pero no la dejé terminar; no me importaba en absoluto lo que pensaba y repudiaba su presencia de ángel, tanto que me sentía impulsado a ir en su contra. Algo dentro de mí me incitaba a irme en su contra, una voz en mi cabeza me gritaba “termina con ella… termina con todo”, traté de resistir aquellos impulsos repentinos pensando en algo diferente pero la cólera nublaba mi mente.
»— ¿Crees que soy un tonto como tu que no se sabe cuidar?
»Sophie me devolvió la mirada dolida, nunca le había hablado así, era la primera vez que alguien le levantaba la voz a Sophie, porque ella era la buena, ella no hacía nada contra los demás, seguía reglas y era muy servicial, no la hubiera hecho sentir mal si se tratase de alguno de sus padres, pero no, se trataba de mí que siempre me había mostrado amable y cariñoso con ella y el Engel que tenía delante suyo no era el mismo de siempre. Ese Engel no era su hermano, podía escucharlo en sus pensamientos y también me dolió que pensara que no era su hermano, mal entendiendo las razones que la obligaban a desconocerme.
»—Le diré a mamá—mustió con la mirada clavada en el césped.
»Cuando pronunció aquella frase en voz baja, pero lo suficientemente alta como para que yo la escuchara la ira engrandeció más dentro de mi ser, fue como si lava ardiente corriera por mis venas y no sangre. En su rostro Sophie reflejó su sorpresa y vi en su mirada verde mis propios ojos tornándose rojos por primera vez. La boca de Sophie se abrió ligeramente, estaba sorprendida y a la vez aterrada, sus ojos clavados sobre los míos, estupefacta rogando que todo fuese una pesadilla. Esta vez sus pensamientos y me satisfacían porque me temía y sentía su temor en tocar los poros de mi piel.
»Me agaché y la levanté tomándola de los hombros con fuerza, encarándola mientras ella no podía decir nada, su voz parecía haberse esfumado, su pequeño cuerpo temblaba presa del pánico.
»— ¡Tú no le dirás a nadie! —Rugí colérico. —Si lo haces… lo lamentarás. Estoy hablando en serio.
»Nuevamente sus ojos se llenaron de lágrimas pero tampoco me importó, quería llegar tan lejos como se me permitiese, descargar todo ese poder contra algo o alguien y Sophie era lo más próximo que tenía y por si fuera poco, quien me había provocado.
»—Por favor… para—me suplicó— ¡Me duele!
»Ella arrancó una gran sonrisa satisfactoria de mi rostro cuando su grito resonó fuerte por todo el campo; música para mis oídos. Entonces, sus padres llegaron a ayudarla, ellos sintieron la presencia de un demonio y pensaron que estábamos en peligro, se llevaron una gran sorpresa al descubrir de lo que se trataba. Eleanor gritó mi nombre a la lejanía y yo, por supuesto, la ignoré. Dariel se apresuró a llegar hasta donde estábamos, me apartó de Sophie y me levantó del suelo, forcejeé inútilmente contra él, lo único que yo deseaba era terminar con lo que ya había empezado y él me estaba privando de esa ligera satisfacción.
»— ¡Ella empezó! —Me defendí.
»—No importa quien empezó, estás castigado. —Sentenció Dariel con severidad.
»—Vete al infierno—le contradije.
»Obviamente Dariel no se fue al infierno; cuando me calmé me llevó a casa donde ya estaban Eleanor y Sophie, que había olvidado todo, Eleanor le había borrado los recuerdos y Sophie actuaba como si nada hubiera pasado, intentó lanzarse contra mí y abrazarme pero pasé de largo y ella le restó importancia, estaba acostumbrada, siempre he tenido un carácter difícil y cuando las cosas no se hacen como yo quiero me pongo de mal humor. —Me devolvió una sonrisa de complicidad, asentí de acuerdo con su comentario y esperé que continuara. —Me dirigí a mi habitación y me encerré enfuruñado, pero al mismo tiempo, empezaba a surgir un extraño miedo y creció conforme las horas pasaron; Dariel se marchó, sus superiores, enterados de lo que había pasado, le llamaron, entre ellos estaba Gabriel que con gusto les recordó que él había anticipado que algo así pasaría y convenció a la junta de que se debía terminar con ese monstruo porque ponía en riesgo muchas cosas que ellos habían estado protegiendo por siglos, les recordó las razones por las cuales seres como yo no deben vivir, en aquella junta se le ordenó a Dariel que me matara y por casualidad, cuando iba a la cocina en busca de un aperitivo nocturno, escuché a Dariel contándole todo a Eleanor, él acababa de llegar de la reunión y ella lo esperaba despierta ansiosa a las noticias. Mi… madre… sollozaba en silencio y asumí que no se molestaría en defenderme, que aceptaba “el castigo” impuesto. Me recargué contra la pared del pasillo, tranquilo, pero al mismo tiempo absorto a cada palabra y con el corazón latiendo con agitación.
»—Pensé que podríamos hacernos cargo de él sin que la naturaleza de su padre causara algún efecto, Eleanor, —murmuró Dariel con cierta aflicción—pero has visto tu misma las consecuencias y me niego a seguir teniéndolo aquí. Los demás están furiosos, sobre todo Gabriel, quieren destruirlo y no encuentro algún inconveniente para que lo hagan; ahora es un niño pero crecerá y quien sabe que clase de monstruo termine siendo, tiene seis años y tú misma sentiste su poder y hubiera matado a Sophie si no llegamos a tiempo.
»—Estoy segura de que no volverá a pasar, Gabriel… él lo odia. —dijo Eleanor en un intento inútil de protegerme.
—Ella te amaba…
—Puede ser, pero yo no lo sabía; no conozco exactamente ese significado, y antes de que protestes, te hago saber que ya llegaré a explicarte eso más adelante. Por ahora, cabe decir que me pareció que ambos me estaban despreciando y aunque entendía muy poco de lo que hablaban el significado general estaba claro y el objetivo del tal Gabriel, a quien me enseñaron tenerle un alto respeto, era acabar conmigo. Automáticamente acepté el castigo porque si Gabriel decía que así tenía que ser, así sería, si Gabriel decía que yo era malo, lo era. No contradije porque yo mismo había sentido la maldad en mí y comprendía mejor que nadie, mejor que Dariel o Eleanor.
»—No, Eleanor… no se trata del odio que Gabriel le tiene a tu hijo. —Advirtió inmediatamente Dariel—Y sí, volverá a pasar, una y otra vez… Si no lo hago yo, lo harán ellos y será peor, tampoco pensaba decírtelo, pero es mejor que lo sepas, no puedes hacer nada. Engel no es uno de los nuestros.
»Y, entonces, otra vez el coraje se hizo presente. ¿Por qué Dariel se refería a mí únicamente como el hijo de Eleanor? ¿Por qué no le importaba yo? Y lo más importante ¿Por qué decía que yo no era uno de los suyos? ¿Qué era yo? Esa clase de preguntas me embargaron, resonando fuertes y claras, pasando por mi cabeza a una velocidad asombrosa; recalco que el coraje del que te hablo no fue similar al coraje de aquella tarde, fue mas bien orgullo, el orgullo que me impulsó a armarme de valor y no aceptar lo que todos decían acerca de mí, ese orgullo que me recordó lo mucho que yo deseaba vivir. Tuve mucho miedo, he de admitir, pero, solo dejé que ese miedo me paralizara unos minutos para decidir que no podía quedarme ahí, sentado a esperar que los ángeles actuaran. Regresé a mi habitación y después de sentarme al borde de la cama pensando por anticipado mis planes. Me cambié el pijama por ropa de calle y decidí huir. Ahora, el asunto me resulta vergonzoso, pero era un niño, y aunque no era como los demás niños humanos, seguía siendo un niño, si algo tengo en común con un humanos es en los sentimientos según la etapa de la vida… en este caso la infancia. ¿Cómo le explicas a un niño que debe morir? ¿Cómo le dices que es un monstruo que amenaza con destruir la humanidad? Es algo difícil de entender si se tiene seis años. No conocía exactamente lo que era la muerte pero había escuchado hablar de ella muchas veces sonando como una etapa de la vida, triste y mala… donde todo termina. Aún no quería pasar por esa parte, aún no quería que todo terminara para mí…
—Es horrible… —mustié conmocionada.
—No, no lo es. Son las reglas de mi mundo. —contestó distraídamente.
»…Antes de salir me dirigí a la habitación de mi hermana, creo que dejarla era lo que más lamentaba porque sabía que no la volvería a ver.
»—Yo nunca te haría daño… te quiero. —Le dije, pero ella dormía, si hubiera estado despierta no me atrevería a despedirme, Sophie era muy pequeña para entender, solía vivir en un mundo donde todo estaba bien, donde la vida solía ser perfecta y fantasiosa. Probablemente aún vive en ese su propio mundo perfecto, lo cual la convierte en una niña tierna peri a la vez frágil y vulnerable para con los demás, porque no conoce la maldad y no sabe hasta donde es capaz de llagar.
»…Acaricié sus cabellos, siempre me ha gustado el tacto de sus rizos y ese aroma a flores que despide, tan natural… Una vez terminé de admirarla, me acerqué a la ventana de su habitación abriéndola de par en par, me paré sobre el alfeizar y di el salto a la libertad, empecé a correr lo más rápido que pude, era bastante rápido, una velocidad que no había experimentado antes, el viento de aquella noche de primavera golpeaba mi rostro dándome armas para saborear el mundo al que me exiliaba a partir de ese instante, dejando atrás una vida que en pocas horas habría dejado de ser no más que un recuerdo, y, que en algunos meses o años… se reduciría a la nada.
»Cuando creí que estaba lo suficientemente lejos y exhausto, me detuve, calculaba que era ya muy pasada la medianoche, tal vez las tres de la madrugada, tenía sueño y el cansancio podía sentirlo. Busqué una cueva donde refugiarme, encendí una fogata y me eché sobre el suelo de roca, me pareció insultante tener que dormir en condiciones tan austeras, la vida que había llevado hasta entonces ya era de por sí primitiva, ahora lo era mucho más. Y, echado en aquel rincón a escucha de los roedores nocturnos vagando no muy lejos, el crepitar de las llamas y el zumbido de los mosquitos, miré al techo preguntándome que iba a pasarme. Anticipé que podían encontrarme buscando mi presencia con minuciosidad, pero tenía un arma efectiva que empleé sin dudarlo dos veces: me ocultaría como lo había hecho Eleanor varios años atrás. Tomé una forma humana.
— ¿Tomaste forma humana? ¿No parecías humano antes?
—No por completo. Nuestras características varían… cuando estamos en un estado… “sobrenatural”… nosotros lo llamamos psicosensible, somos diferentes, tenemos alas, nuestros ojos nos permiten ver más allá de lo que un humano normal vería, vemos “lo que no está ahí”, nuestra fuerza física es asombrosa, los sentidos se agudizan, la mente y el cuerpo son uno… pero al mismo tiempo dejamos que otros como nosotros sepan donde estamos, nosotros percibimos presencias y con máxima concentración encontrarías con éxito al que buscas sin importar en que parte del mundo se encuentre, siempre y cuando se trate del mundo neutral: la tierra. Pero adoptando la forma humana todo se va y Eleanor nos había enseñado a mí y a Sophie a hacerlo para pasar desapercibidos entre los humanos cuando íbamos a comprar víveres a los pueblos cercanos o los humanos rondaban acampando y descubrían nuestra casa en medio de las montañas.
» ¿Dónde estaba? Ah si… la cueva. Pues sí, pasé la noche ahí y a la mañana siguiente desperté adolorido, cansado de dormir entre las rocas y la tierra húmeda; me desperecé y emprendí el viaje hacia donde la suerte me llevara, pronto descubrí que estaba perdido en medio de la nada, una nada muy inmensa, montañas y valles por donde mirase, caminaba sin un rumbo definido por las tierras altas de escocia en busca de algo. Cuando me cansaba me detenía y me echaba en el césped a descansar, pero después volvía a caminar de nuevo o en algunas ocasiones a escalar, cuando tenía hambre cazaba o pescaba, si encontraba un buen lago me bañaba, si tenía sueño me tiraba de nuevo al suelo y cerraba los ojos tratando de dormir; perdí la noción del tiempo, el paso de los días y las horas, incluso en ocasiones apenas lograba diferenciar la noche del día. Hubo un momento en el que me rendí, exhausto, hambriento y sucio, tomé la idea de que no tenía sentido seguir si no había mas humanos, si el resto del mundo era como una gran isla desierta, sin saber donde terminaba la tierra y donde empezaba el sol, allá en el horizonte todo seguía apacible, la línea divisora no tenía alcance… recuerdo que me senté en una roca con los codos sobre las rodillas y el mentón sobre las manos, dejando que las muchas preguntas que antes me había hecho volvieran de nuevo, volvieran las palabras de Dariel y los recuerdos de los hechos ocurridos en lo que había hecho, en cada suceso de mi vida y los pequeños detalles que me pudieran dar pistas sobre mí, sobre lo que era y que había hecho mal para ser diferente. Llegué a la conclusión de que, efectivamente, yo era un monstruo, que era peligroso y que no debía existir. Mi mente ya no funcionaba correctamente. Quise, intenté por muchos medios, los cuales me ahorraré nombrarlos, morir. Me daba lo mismo la vida y la muerte, yo no entendía esa clase de condena a la que se le llama vida, me sentía atrapado en un lugar al cual no pertenecía, y dudaba que hubiera un lugar para mí, pues de ser así estaría en él. No tenia nada por lo que valiera la pena luchar, mi familia me había dado la espalda, estaba completamente solo, era un niño, no indefenso, pero si un niño. Y, cuando ya había intentado muchas formas de acabar conmigo y me di cuenta que era algo inútil salvo por la idea de dejarme encontrar por los ángeles… pero mi orgullo era tan grande que no pensaba darles ese privilegio que tanto anhelaban, me resigné a vagar por el mundo hasta que pasara algo.
» La suerte empezó a cambiar poco a poco cuando encontré un pequeño pueblo… después otro y me las ingenié para llegar de un lugar a otro sin necesidad de volar, mucha gente se apiada de los niños desamparados. —Sonrió ampliamente con inocencia— Escuché hablar de las grandes ciudades, como la revolución industrial lo estaba cambiando todo y hacía la vida más cómoda, las grandes metrópolis británicas parecían un sueño a alcanzar, las fotografías y las imágenes que contaban quienes ya habían estado ahí prometían mucho. Llegué a Perthshire, Edimburgo, Loverpool, Bristol, Hampshire y finalmente, la gran Londres. Londres era diferente a todo lo demás que había visto, había mucha gente, luces por las noches, ruido, esa suciedad urbana, las primeras máquinas de vapor nublando el cielo y los aristócratas en apariencia hablando de las nuevas ideas filosóficas del Marxismo y estresados por la crisis que estalló meses atrás viéndose afectados los bancos agrarios y la industria, apenas recuperándose la economía que ponía de mal humor a muchos y regalaba miseria a otros tantos.
»Entre la crisis económica y los conflictos europeos que poco a poco desataban revueltas, la gran Londres de 1848 se extendía en todas direcciones cruzando el río Támesis y mas allá. Los caballos haciendo resonar sus cascos en las calles adoquinadas tirando de los carruajes señoriales de donde bajaban hombres vestidos en sus elegantes trajes negros y sombreros de copa, golpeando con las puntas de sus bastones las banquetas; las mujeres mas hermosas revestidas en enaguas de satén, terciopelo, raso y seda, distinguidas y bien educadas, aunque la clase mas alta y los burgueses siempre estaban dispuestos a regalar miradas hostiles a los campesinos, obreros y mendigos pues entre los transeúntes bien vestidos nos colábamos nosotros…
»Pero fue Londres el último lugar en el que tuve que vivir como un marginado. Porqué allí mi suerte cambió…
»Esa mañana definitivamente no tenía dinero, los capitalistas se ponían exigentes en cuanto a la gente que contrataban y a su vez los obreros exigían sus derechos influenciados por los escritos de Engels, las fábricas cerraban sus puertas y nadie quería mas problemas dando el trabajo duro de los adultos a los niños. La limosna también era una opción pero no me gustaba pedir monedas en la calles, pareciérame un acto demasiado innoble; tenía hambre y el olor a salchichas tostadas o la apariencia fresca de las frutas del mercado me incitaba… me acerqué a uno de los puestos mas atestados y colándome entre la gente con disimulo tomé una manzana y me eché a correr.
» — ¡Ese niño se acaba se acaba de robar algo! —Escuché que gritó alguien a mis espaldas.
— ¿Te parecía innoble pedir limosna y no robar?
Engel se encogió de hombros.
—Robar es más fácil y no tienes que soportar que te miren con lástima.
»Dada la alarma comenzaron a seguirme, yo corría mas rápido, pero se volvió brumoso tener que esquivar a las personas que iban caminando delante, prestar atención al camino y volver la mirada para ver si aún me seguían y terminé tropezando con una roca, la manzana se escapó de mi mano, rodó por la calle alejándose hasta detenerse un metro mas allá, sin embargo un maldito perro se quiso pasar de listo y salió de la nada llevándose mi comida del día.
» — ¡No, yo la robé primero! — le reclamé furibundo.
» Lo dejé ir, no metería en mi boca algo que ya había estado antes en el hocico de un animal. Entonces sentí que alguien dejaba caer su mano sobre mi hombro, me volví inmediatamente alarmado, pero una afable sonrisa se dirigía a mí, se trataba de un hombre bien vestido en smoking y pajarita, tomó mi mano y depositó un par de monedas en ella.
»—Con eso podrás comprarte mas manzanas y no robarlas—me dijo con amabilidad.
»Le devolví la mirada con desconfianza, si había aprendido algo de los humanos es que ninguno suele ser amable porque si, pero aquel hombre no dijo más, dio media vuelta y subió a su carruaje; compré una manzana y guardé el cambio para comprar mas comida después. Desayuné y después volví con el perro para saldar las cuentas pendientes, me vengué de él.
— ¿Qué le hiciste?
— Lo maté. —admitió sin remordimiento.
Abrí mi boca sorprendida, la cerré de nuevo, la volví a abrir…
— Pero…
—Anne, hice cosas peores, además se atrevió a robarme, para sobrevivir tenía que hacerlo. Decidí entender el mundo como un lugar en el que para conseguir lo que quieres tienes que pasar sobre los demás, fue así porqué era lo que yo veía, la forma en como mi mente descifraba los actos de los humanos, así eran ellos, yo también debía serlo. Lo curioso es que… me encantaba matar, me provocaba una sensación de paz…
Le miré horrorizada.
—No te quejes, esa fue y sigue siendo mi realidad, yo solo te muestro las cosas como son, sin mentiras, sin máscaras falsas, tú haces el resto.
»Supe que aquel hombre era un viejo millonario que vivía a las afueras de Londres, no tardé en encontrar su mansión, una hermosa residencia con un enorme jardín rodeado de una verja de hierro que salté para conocer el lugar. Me gustaban mucho las mansiones, admirar su arquitectura renacentista o barroca, algunas victorianas no se quedaban atrás pero lo contemporáneo nunca ha sido mi predilección.
»Crucé los jardines por primera vez, porque no fue la única vez que estuve en la mansión, lo que me llevó de vuelta fue que aquel anciano que vivía solo con su ama de llaves y sirvienta, tocaba un instrumento especial, un instrumento maravilloso cuya música me hipnotizaba apenas el arco se deslizaba por las cuerdas, siempre me había fascinado el sonido de los violines pero nunca lo había escuchado tan cerca y nunca había escuchado a alguien tocarlo de una manera tan soberbia y al mismo tiempo disfrutarlo como si se deleitase un postre de entero chocolate. Podía pasar tardes enteras escuchando el “instrumento del diablo” como solían llamarlo. Una tarde el viejo me descubrió mirando por su ventana, me recordaba perfectamente y recordaba nuestro encuentro aquella mañana.
»— ¿Qué haces tu aquí? —Me preguntó, estaba sorprendido de verme.
»—Escuchando las cuatro estaciones de Vivaldi, monsieur. —respondí
»Pareció muy sorprendido de que conociera la canción, yo disfrutaba de la buena música y cuando vivía con Eleanor solía leer y a veces tocaba el clavicordio aunque Sophie siempre fue mejor que yo, así que conocía la música, conocía a Paganini, Beethoven, Bach, Vivaldi, Handel, Mozart, solo por mencionar algunos.
»—Pareces un pequeño muy instruido a pesar de…
»—Lo soy, señor.
»—Y también engreído. ¿Qué hay de tus padres?
»—No tengo.
»Se mostró conmocionado y me miró de la misma forma que me miraban casi todos, detestaba esas miradas, pero no dije nada, parecía un buen humano, era un buen humano. Me invitó a pasar y tocó para mí hasta que las velas tuvieron que ser encendidas, el tocaba y yo adivinaba aquello que el interpretaba, no fallé ninguna.
»— ¿Y bien? —Dijo al concluir la última.
»— Gavotte en Rondeau, Johan Sebastian Bach.
»— ¡Excelente, Engel! —Exclamó fascinado—Tienes buen oído y un gran potencial, podrías ser el próximo Mozart… ¿Lo imaginas?
»—Seré si yo lo quiero. —sonreí.
»—Señorita Perkins ¡Señorita Perkins, tenemos a un invitado! ¡Venga rápido!
»El señor Howard estaba encantado conmigo, parecía un niño con juguete nuevo, en cambio para la señora Perkins yo era un mugroso de la calle y mis ropas sucias alteraban sus nervios de anciana, sin mas remedio que seguir las órdenes de su amo frunció su nariz aguileña, preparó una tina para que me duchara y me dio prendas nuevas que habían pertenecido al difunto hijo de Howard, creo que vio en mí una nueva oportunidad de remediar los errores que había cometido con su hijo. Aquella noche comí como no había comido nunca, un banquete digno de un rey y los platillos mas deliciosos eran servidos para mí, comí hasta quedar satisfecho y mucho más, sólo por degustar las pastas y saborear las salsas, oler los asados y ver la forma de los postres. A Howard no le importaba, solo le sorprendía que tanta comida pudiera caber dentro de un niño tan pequeño.
»Después como si fuera parte de un juego me adoptó y me presentó ante la sociedad como su nieto “Engel Lyzander Russel”, me dio todo lo que pedía, me inscribió en la escuela, me enseñaba música, los libros de la biblioteca eran todos míos, golosinas de sobra, dinero en cantidades desmesuradas y un pequeño gato llamado… gato. Era la vida perfecta, me gustaba, llena de lujos y comodidades, por primera vez sentía que estaba en el lugar adecuado. Yo le hacía compañía a Howard y él a mí, íbamos a la ópera, al teatro, a los circos callejeros y a las fiestas de la alta sociedad yo era bueno en todo y las personas solían elogiarme constantemente, me regodeaba pavoneándome a donde quiera que iba dando muestras a todos de que yo era superior. Entre tantos privilegios no había prohibiciones salvo una, el violín de Howard, ese magnífico Stradivarius, era su religión, lo poseía y nadie que no fuera él podía ponerle las manos encima, era máxima su obsesión con el violín que lo guardaba en una caja de vidrio y cuando no tocaba podía admirarlo e imaginarse la música que profería el instrumento, su obsesión me contagió y el violín estaba apacible en su caja de vidrio donde yo podía verlo y desearlo. Me juré que un día lo tocaría; esperaba impaciente el momento preciso hasta que una tarde Howard salió a fumar y jugar cartas con sus amigos, un lugar al que yo no podía ir, esa era mi oportunidad, lo sabía y cuando él se marchó y la señora Perkins se encerró en su invernadero, abrí la caja de vidrio y lo tomé.
»Pasé mis manos rozando la madera pulida y enmarcando su figura estilizada con mis dedos, sintiendo la fineza de su acabado y el filo de la caja, había tenido otros violines en mis manos, tenía el mío propio, pero se trataba de ese violín y la sensación que me producía era una excitación desbordante similar a lo que se siente cuando se tiene a una mujer hermosa abrazada, cuando sabes que esa mujer es tuya y la pasión que se siente al acariciar su cuerpo desnudo.
»Coloqué el instrumento en mi hombro bajo mi mentón tomando el arco con maestría para deslizarlo suavemente por las cuerdas y sentir las vibraciones de sus notas, sentirlas y no solo escucharlas. Me estremecí de placer al invocar la bella música que profería del interior. Una a una arranqué con ferocidad las notas de las cuerdas uniéndose rápidamente creando cierta melodía al azar; el arco se movía cada vez con más rapidez y me fundí en la música, uniendo mi alma a la del violín como si fuéramos uno solo.
»Entonces paré. Abrí los ojos y miré alrededor confundido, por un momento el salón había desaparecido, por un instante que fue más largo de lo que pude apreciar, la estancia se evaporó junto con todo lo demás, ahora me daba cuenta de que todo seguía en su lugar. Y, mi mirada se encontró entonces con la figura de Howard delante de mí. Sus facciones contorsionadas por una ira descomunal que nunca había apreciado en él y borraban cualquier rastro del hombre amable que solía ser. Retrocedí un paso y el avanzó dos, me arrebató el violín de las manos.
»—Sabes que está prohibido…—dijo sombríamente.
»— ¡Pero no le he hecho nada! —repliqué.
»Dejó el violín sobre una de las muchas mesas que adornaban esa habitación especial y me tomó del brazo tratando de echarme de la sala.
»—Son las reglas—gruñó—Estás castigado Engel…
»No supe lo que sucedió después, recuerdo únicamente y con claridad como me deshacía de su agarre al mismo tiempo que la misma ira que me había sucumbido frente a Sophie y después Howard caía sobre la alfombra en un charco de sangre.
»Tomé de nuevo el instrumento con una mano y en la otra el arco… observando el cadáver con curiosidad y sonriendo complacido, soltando una risotada divertida trasformándose pronto en carcajadas escalofriantes; me encogí de hombros y giré sobre mis talones aún riendo, topándome, como si hubiese sido planeado por el destino con un espejo que me devolvió el reflejo de un demonio, de un verdadero monstruo… mi reflejo. Los ojos resplandeciendo como la misma sangre que se extendía en el suelo y la exuberante sonrisa distorsionando mi rostro infantil que ya no parecía, en absoluto el rostro de un niño, si no el de un asesino, un enfermo mental que no distingue entre lo bueno y lo malo.
»Clavé mi mirada en el chico del espejo, pues, a sabiendas de que no podía ser nadie mas que yo, me resultaba un completo desconocido y dejé de sonreírle, su sonrisa profusa también se fue desvaneciendo con lentitud hasta que no quedo rastro de ella y el fuego en sus ojos se extinguió. Giré mi cabeza y miré de nuevo a Howard dándome cuenta apenas de lo que acababa de hacer. El violín y el arco temblaron en mis manos y sentí una opresión en el pecho… “Demonios—pensé aterrado— ¿Qué hice?”
»Me dio la impresión de que la habitación se encogía y sus cuatro paredes caían sobre mí aplastándome, necesitaba salir de allí, irme y no volver, avancé apresuradamente hacia la misma ventana por la que había entrado varios meses atrás.
»Paré en seco cuando la figura de un hombre se materializó de la nada, se posó grácil sobre el alfeizar y de un salto entró. Alcé la mirada para verlo bien y supe inmediatamente que era un ángel, el primero que veía desde mi huída, el primero que conocía después de Dariel, Eleanor y Sophie pero no se necesitaba mucho ingenio para reconocerlo como tal… mismos ojos capaces de verlo todo, la sacra majestuosidad que emanaba con su presencia, su aspecto… todo en él. Era Gabriel.
»—Engel… Engel… —Recitó con parsimonia— Maldito monstruo del infierno.
Mi demonio interior surgió de nuevo, alarmado por la presencia de Gabriel.
»—Gracias— respondí sonriendo y haciendo una reverencia.
»— ¿Así que ahora te dedicas a… esto?
»Señaló con la cabeza el cuerpo inerte del anciano.
»—Pasatiempo en día aburrido. —Contesté con calma, mientras buscaba discretamente una salida— Me encantaría quedarme a charlar con usted, pero me temo que debo irme.
»Me di la vuelta y corrí en la dirección contraria.
»—No lo dejen escapar—Susurró Gabriel.
»Apareció otro ángel delante impidiéndome el paso y otro par en las puertas laterales, uno más en la ventana que Gabriel dejaba desprotegida. Eran cinco y tenían una ventaja superior contra mí, iba a morir, lo veía en la mente de Gabriel, sentía su deseo anhelante y su odio profundo, pero yo no pensaba exactamente en la muerte yo pensaba en que no me rendiría.
»Gabriel se acercó por la espalda y me rodeó para enfrentarme cara a cara.
»—No volverás a escapar, monstruo.
»Me tomó de los hombros y me levantó del suelo sin ninguna dificultad, estaba seguro de que no me dejaría escapar tan fácilmente y yo no sabía como defenderme de alguien a quien me habían enseñado a respetar y al mismo tiempo a temer, Gabriel era un arcángel mayor y yo… yo no sabía que era. Probablemente esa desesperante incógnita fue lo que hizo no flaquear ante el miedo de que pensaba matarme: No saber que eres, y no saber hasta donde llega el límite de tu poder, solo saber que eres capaz de hacer muchas cosas que provocan el miedo que esconde la mirada de un ser de rango muy superior; sentirte poderoso, invencible.
»Solo así, me atreví a devolverle la mirada a Gabriel y retarlo a que lo intentara, o que lo hiciera. Yo lo había humillado dos veces siendo un niño y por ello, en venganza —aunque el no lo llamara exactamente venganza— quería que sufriera, planeaba meticulosamente su golpe final, quería que sintiera el dolor tan vivo que le suplicara parar. Pero Gabriel no me conocía y desconocía que jamás iba a verme llorar ni chillar de dolor.
»El arcángel sonrió de forma amable, sonrió de esa forma que solo los ángeles pueden sonreír para que confíes en ellos… aunque nunca confiaría en él, me sobraban excusas y razones para no hacerlo, a pesar de que me dejo cuidadosamente en el suelo. Alisó los pliegues de mi camisa y me revolvió el cabello con aire paternal, me estremecí de asco; tener algún contacto físico con el me repugnaba. Alcé la mirada para encontrarme con sus ojos y mirarlos fijamente, deseando entrar en su mente y descubrir su plan, conocer los movimientos que haría, pero su mente no era débil como la de los humanos, su mente estaba oscura, como si la puerta de una casa estuviera cerrada con llave, y esa llave maestra no estaba en mis manos.
»Paseé la mirada en aquella habitación y me pareció que habían pasado siglos desde que la música del Stradivarius había revoloteado alegremente en cada rincón y las piezas de oro perdieron su brillo llevando el salón de música a una penumbra casi total, una oscuridad sofocante que helaba la sangre, las velas se habían apagado y el cuerpo de Howard reposaba en las sombras. En cuanto a los otros cuatro ángeles, me observaban cautos y tranquilos desde sus posiciones, no reían no sonreían, ni siquiera se movían como estatuas de mármol corpóreas pero inmóviles.
» — ¿Te arrepientes de tus pecados? —Preguntó Gabriel después del prolongado silencio.
»Había notado mi distracción diferenciando ese momento a los otros anteriores.
» —No... —Mustié absorto en mis pensamientos.
»Hiciera lo que hiciera, yo no conocía el arrepentimiento. Ni lo conozco. La muerte de Howard era un suceso más en una historia interminable…
»Entonces, de pronto, caí de rodillas al suelo, aturdido por un dolor desconocido, un dolor que me sacó el aire del estómago y nubló mi mente sin llegar a dejarme inconciente. De mi boca no escapó ningún sonido, únicamente bocanadas de aire y saliva. Y, Aún con el arco y violín en manos me sostuve el estómago cerrando los ojos y apretando los labios, pensando que aquella sensación había sido, sin más, agradable, que eso si era dolor, y que Gabriel poseía una fuerza que ningún humano tenía. Relajé poco a poco mis labios pues espontáneamente una sonrisa se ensanchaba de lado a lado, mas amplia cada vez, no tardó en volverse risa y de risa pasó a ser una eufórica carcajada. Era deleitante. El dolor físico satisfacía y borraba el dolor del alma.
»Gabriel se divertía tanto como yo, probablemente él se divertía mas al adoptar el papel del verdugo y no el de la víctima. Se agachó y se acercó para un nuevo ataque aunque se mantenía en un estado pacífico, pero esa es una gran cualidad y defensa que tienen los ángeles, son engañosos, nunca se sabe cuando atacarán ni lo que planean.
»Y así fue, no lo vi venir, cuando acordé mi cabeza se erguía en un ángulo hacia el cielo gracias a que sus dedos se enroscaban en mi cabello y tiraba con fuerza de este hacia atrás; sobre yugular dejo caer el filo de una daga y sentí la hoja quemar mi piel, como si ardiera al rojo vivo. Busqué sus ojos con mi mirada pero estaba lejos de mi alcance.
»Nuevas presencias se hicieron sentir en la habitación que se volvió repentinamente pequeña para la cantidad de seres que rondaban ahí, no entendí porque pedía más refuerzos si aparentemente la batalla la tenía ganada, probablemente eran testigos.
»Lo que sucedió a continuación fue una serie de sucesos rápidos que apenas alcancé a distinguir, ni siquiera pasaron minutos, solo un abrir y cerrar de ojos. Gabriel cambió de parecer. Me liberó, la daga salió volando al otro extremo de la sala y detrás de mí vino un aparatoso estruendo. El sonido grave del piano deshacerse bajo un cuerpo pesado inundó el lugar. Cuando alcancé a responder todo se volvió oscuro y una sensación de vértigo se depositó en la boca de mi estómago; al siguiente instante mi ojos admiraban un enorme y elegante salón dorado lleno de luz.
»Era el lugar mas elegante en el que había estado jamás no podía compararse con la mansión Russel, un lugar como había imaginado ser el interior de los palacios Holyrood y Buckingham. Lámparas de araña con cuentas de vidrio y diamante en el techo, la mas grande en el centro rodeada de otras mas pequeñas, imponentes escalinatas tapizadas y barandal de oro, a los costados, mesillas de patitas finas con jarrones importados, las paredes pintadas al fresco y un agradable aroma reconfortante que no logré distinguir como algo conocido.
»No estaba solo en aquel palacio, sentía varias personas detrás de mí aunque no hacían ningún ruido, ni se sentían como humanos, tampoco como ángeles, no se movían para decirme que saliera de allí.
»Una presencia más, demasiado poderosa para ser cualquiera, tan poderosa como la de Gabriel pero tan excitante como para ser él se acercaba lentamente desde la altura de las escaleras, apareció de lado izquierdo y recorrió con elegancia el corredor, descendió imperiosamente cada peldaño, un hombre que demasiado imponente e intimidante se acercaba hacia mí con una sonrisa en los labios; hubo algo en él que reconocí además de su mirada roja, de esos ojos lúcidos y vivos como la misma sangre manando descontrolada de los cuerpos mutilados. Vestía elegante, más que cualquier empresario millonario de Londres, pero menos que un rey.
»Retrocedí un par de pasos, su presencia me inspiraba el miedo que debía; después mis piernas no pudieron moverse por si solas a pesar del esfuerzo que hacía.
»Giré la cabeza para observar a mis demás acompañantes; ellos plantaban una rodilla en el suelo y sus manos sobre la otra, la cabeza gacha a modo de reverencia servicial. Los imité temiendo verdaderamente, el hombre aquel me intimidaba demasiado como para pensar siquiera comportarme prepotentemente como lo hacía con el resto del mundo. Él tenía un extraño poder sobre mí, un poder que no podía definir y que, de antemano, me aterraba.
»Cuando hubo descendido por completo la escalera llegó hasta nosotros y se detuvo a poca distancia de mí, lo supe porque vi sus lustrosos zapatos demasiado cerca.
»—Levántate— Me ordenó con calma.
»Me estremecí al escuchar su voz, un soberbio susurro que reflejaba su postura sobre todos los demás seres de la habitación. Hice lo que me pidió y me puse de pie, incapaz de despegar la mirada del suelo.
»—Informes, Liedfrahed.
»—Mi lord, lo encontramos en Londres, Inglaterra; llegamos antes de que Gabriel lo asesinara, les hemos dado su merecido a esos blancos. —El hombre que correspondía como Liedfrahed soltó una risa.
»— ¿Qué hiciste para desatar la furia de Gabriel? —Esta vez el Lord se dirigió a mí.
»—Nacer—susurré en voz baja—escapar y matar a un hombre… mi Lord…
»Los otros se rieron quedamente a mis espaldas, él Lord les lanzó una mirada asesina y estos callaron.
»—Lárguense. Tu no, En-gel.
»Ellos se levantaron y se marcharon. Cuando estuvimos solos el Lord se dirigió de nuevo a mí, me pidió que le siguiera y obedecí. Seguí sus espaldas observándolo directamente sin perder ningún detalle, enloquecido por lo que su presencia provocaba en mí, temeroso porque sentía algo oscuro y maligno emanar de su interior, virtuoso por ser yo quien mereciese su trato especial. Me condujo por las escaleras hasta la puerta del fondo y después por un pasillo, nunca habló y yo tampoco lo hice aunque tuviera muchas preguntas que hacerle las guardé para el momento mas indicado, si es que llegaba alguna vez. Finalmente entramos en un amplia habitación de paredes altas tapizadas de estanterías repletas de infinidad de libros por doquier y de todos tamaños, la gran biblioteca de Howard quedaba reducida a ser un saloncito de té a comparación de aquella gran biblioteca, los libros no me entusiasmaban de forma desmesurada, solo lo normal, me gustaba leer pero no lo suficiente como para verme envuelto en un sopor de fantasía; además había muchas cosas mas que ver, por ejemplo, las pinturas colgadas en los espacios que las estanterías de libros no cubrían, tan majestuosas como monstruosas, las escenas que dibujaban eran leyendas contadas únicamente plasmadas en un trozo de lienzo pero capaces de hacer que te perdieras en su historia con tan solo posar la mirada mas de un minuto, aquellas historias eran tan fantásticas como irreales, pero al mismo tiempo verdaderas; después estaba el solemne fresco del techo declinando los colores oscuros a las orillas de éste que en el centro se volvían claros, tan claro el blanco como si allá en el fondo una luz intensa esperara al final del camino, una luz que me hacía desear abrir las alas y volar hasta alcanzarla pero los demonios bajo ella anunciaban que mientras ellos estuvieran a la vigila nadie sobrepasaría; sus rostros estaban claramente descritos, no los rostros humanamente sobrenaturales que conoces, si no los rostros demonizados, con sus ardientes ojos y los cuernos de ónice doblegados al cielo sosteniendo entre sus garras a los ángeles cuya belleza también era descrita con claridad, personificados detalladamente que podrían haber sido retratos o reales…
»—Engel… has sido un niño malo. —dijo el Lord y volví a la realidad.
»Volví a la biblioteca y busqué con la mirada al Lord, se encontraba sentado en un mullido sillón forrado en terciopelo rojo, frente a una gran chimenea de roca donde las llamas crepitaban tranquilamente. Él me miraba prestándome atención a la vez lleno de reintensa curiosidad y me acerqué frunciendo el ceño, estaba harto de que me dijeran lo que estaba bien y lo que estaba mal, era lo suficientemente mayor como para saberlo yo mismo, siempre educado bajo las ideas del bien y el mal, pero nunca había nada ciertamente conciso respecto a las realidades que envolvían aquellos coloquiales significados.
»—Si me va a dar otro sermón sobre lo que según usted está bien y está mal, olvídelo, ya he tenido mucho de eso. —Le atajé olvidándome de que él era un hombre importante.
»El Lord rió entre dientes.
»—Cálmate, niño—dijo duramente dejando de reír—nadie se dirige a mí de esa manera, tu tampoco, ahora siéntate.
»Lo fulminé con la mirada, pero hice lo que me dijo, se escuchaba tan amenazador que me no me sentía en condiciones de contradecirle. Ocupé el otro mullido sofá frente a él y le miré fijamente, sintiéndome el esclavo de aquel hombre, sintiéndome inferior. Odiaba y odio sentirme inferior a alguien.
»—Te conviene comportarte… Engel… —hizo una mueca de disgusto— ¿Eleanor te puso ese nombre tan ridículo? —asentí ofuscado de que conociera el nombre de mi madre y acerté al pensar que el conocía mi pasado, que el Lord sabía quien era y de donde venía—A partir de ahora tu identidad será… Dimitri Jackocbsob… ¿Te gusta? —me encogí de hombros—No importa, tengo derechos sobre ti y por eso haré lo que yo quiera, no te opondrás porque ya no tienes otra opción, me perteneces… para que me entiendas, soy tu padre, tu verdadero padre; no se te ocurra levantarte y darme un abrazo porque no dudaré en patearte—Rodé los ojos, me mantuve exánime sin responder de ninguna manera creo que ya había pocas cosas que me sorprendían—Supongo que tengo que explicarte aunque yo prefiero saltarme la parte aburrida y sentimental. Conocí a tu madre, tuvimos sexo, se embarazó, los ángeles quisieron matarme, tuve que escapar, me fui, viví mi vida, ella te tuvo a ti, los ángeles te odiaron, no te mataron, Dariel ocupó mi lugar y ya conoces el resto. No te busqué porque no sabía si aún existías pero ya eres una leyenda desde hace meses, todos te buscan, y yo les ordené a mis hombres que hicieran lo mismo, te encontraron y estás aquí. Si tu madre es el ángel yo soy el demonio y tú eres… una cosa rara, un híbrido, demonio-ángel. Fin de la historia. ¿Alguna pregunta?
»— ¿Qué hace un híbrido? ¿Por qué tengo que hacer lo que tú digas? ¿Cómo te llamas? ¿Tendré que vivir aquí? ¿Me darás dinero? ¿Hay comida?
»—Hummm… lo sabrás a su debido tiempo, Dimitri. Si te gusta mas la vida de pordiosero que llevabas antes, bien, lárgate, pero si te quedas tendrás lo que desees, aprenderás a controlar tus poderes porque no tienes idea de que hacer con ellos, eres ignorante, si te quedas llegarás a conocer la grandeza y el poder. Piénsalo, podrás hacer grandes cosas si te quedas a mi lado, buscas tu lugar en el mundo, los ángeles te despreciaron y te han llevado a tu propia humillación, los humanos te trataron como el ser inferior que no eres y te pisotearon, éste es tu lugar, perteneces a aquí y lo mejor de todo podrás saborear la venganza contra todos ellos, yo te ayudaré. Detestas a los ángeles y a los humanos tanto como yo.
»Stephanoff no era una clásica figura paterna, él era… siempre ha sido… el peor padre del mundo, justo lo que necesitaba y todo en cuanto había creído cambió, el mal se convirtió en el bien y el bien en el mal, sus palabras envenenadas me atrajeron, era tentador, tan cautivador que me envolvió fácilmente en sus redes, lo único que yo deseaba era venganza, poder y grandeza, todo lo que él prometía. Ya no quería pasar hambre o frío solo quería mi lugar en el mundo y creí haberlo encontrado. Me convertiría en uno de ellos. Los demonios se ganaron mi respeto, mi idolatría… y los ángeles odio y desprecio; los humanos indiferencia, eran mis herramientas para lograr mis objetivos, juguetes o piezas que podía manejar a mi antojo. Al fin tenía lo que quería. No era por completo un demonio, pero Stephanoff me enseño a dejar fuera al ángel, me mostró como sacar el potencial de aquel demonio, Stephanoff sabía lo que hacía, él es uno de los demonios más poderosos y altos de aquel mundo…
— ¿Qué hay de Valerie? —Pregunté
—Cuando Valerie me vio no estuvo muy contenta porque cuando yo llegué toda la atención que ella ocupaba en la mansión Jackocbsob disminuyó e incluso entre los demonios yo era una gran novedad y nadie se interesaba por ella. —Sonrió gustoso—Le arruiné la vida.
»—Padre, ¿quién es ese? —Preguntó con desagrado al verme— ¿Es el juguete que te pedí?
»—No mi pequeña diableza—le dijo sonriéndole afablemente, Valerie era un niña consentida—Este es tu hermano… Dimitri. Vivirá con nosotros a partir de ahora.
»Arqueó una ceja y pasó su mirada sobre mí de arriba abajo.
»— ¿El homosexual o el híbrido?
Engel me devolvió la mirada.
—Valerie y Sophie no son las únicas hermanas que tengo, pero si las únicas que conozco.
»—El híbrido—contesté yo.
»—Te odio y te haré la vida imposible. —murmuró apretando los dientes, estaba furiosa.
»—Y yo a ti—respondí con sorna.
»Me echó su cabello en la cara al darse la vuelta y se marchó con su puma perezoso. Con Valerie e Ileana (mi madrastra) en medio, esa vida prometedora se volvió un poco más difícil pero no imposible, Ileana sólo me aceptaba porque tenía que seguir a mi padre en todo, pero a sus espaldas, cuando él no estaba todo era completamente distinto, pero yo no era alguien que se quejase. Cuando llegué a la mansión Jackocbsob y empecé una nueva forma de vida, de instrucción, también aprendí a no sentir, mi corazón se endureció, me volví frío… es como ir al campo de batalla donde no te tienes que tentar el corazón ante las súplicas de tu enemigo, donde nada puede hacerte flaquear y eres tú lo único que importa, el mundo no es de los débiles, y debes tenerlo en cuenta…
»Así pasaron los años… las décadas, no hay acontecimientos importantes de mencionar creo yo… hasta que te conocí a ti y pusiste mi vida de cabeza.



22 Comments to “11. Una larga historia. ”

  1. Mayi says:

    por dios q historia la de Engel!!!
    wow este cap esta genial, valio la pena esperar!!!
    tantos detalles, tus descripsiones son geniales, las palabras de Engel,en fin todo, y ahora a esperar unos meses mas para seguir leyendo *suspiro desesperado*

  2. A-W-E-S-O-M-E!!!!!

    Eres unico Chris... la historia no puede ser mejor. Y que final de capitulo!! Necesito leer mas, debes continuar. Ah y felicitaciones, conseguiste subirlo antes del apocalipsis hahaha (broma)
    Espero haya pronto capitulo... o sino correra sangre muajaja!

  3. Anónimo says:

    soy nueva yyy peerdon pero la historia estan pero tanbuena
    que deberias de actualizar.pero ya¡¡¡
    sirves para escribir te que d dl 1 hasta donde llvas scrito
    chao besoo y actualiza n.n

  4. Anónimo says:

    normalmente cuando un personaje relata su vida. me fastidio pero la historia de Engel me fascino ! cuando subes el 12 ? muero de ganas de saber que pasa despues 1 :D

  5. sara says:

    wow ! este capitulo es mi favorito pero odie que terminara en la parte mas interesante !! aaggghhh hahahhahah de veras chris tienes talento cuando subes el capitulo 12 ?
    bss :)

  6. Angy says:

    tienes un premio en mi blog
    http://wwwangysspot.blogspot.com

  7. Nataly says:

    OMG jujujuju por fin!!! Dios como muero por esta historia, simplemente me encanta, Engel es tan diferente a los personajes de varios libros que he leido.

  8. Muse says:
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
  9. Muse says:
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
  10. Muse says:

    OMG !!! Bueno ¿por dónde empezar? Nada que decir otra vez, pero absolutamente todo a la vez ¡¡¡ Creo que lejos eres lo mejor que he leído en mucho tiempo y te felicito ,tú trabajo es sensacional.
    Te he escrito en más de una ocasión para felicitarte por tu trabajo, pero esta vez iré más allá. te cuento : tengo un blog en el que escribo hace algún tiempo (sólo publico borradores) mi blog consta de una saga llamada expiación , mi primer libro se llama "Sacrificio" (los borradores son un horror jajaj) este libro me llevó 8 meses terminarlo , lo bueno de todo ese trabajo es que fue reconocido por dos editoriales importantes que están dispuestas a publicarlo, pero (siempre hay un pero) el costo de editores e ilustradores, aunque es compartido, es altísimo y hasta que no salga de la universidad y trabaje como un buen ser humano, no tendré ese dinero. ¿Por qué te cuento todo esto? porque tú fuiste uno de los impulsores para que mi creatividad fluyera. Ambos compartimos el mismo tópico, pero en esencia es totalmente diferente, así que te agradezco por eso. Pásate por mi blog, te sigo y te afilié.
    Y a lo que iba...siento, cómo escritora, que muchas veces nuestro trabajo es visto en globalidad y no en el trabajo que esto conlleva. Por eso vengo a felicitarte por todo el trabajo de investigación que has hecho; sobre la época, el siglo, hasta el detalle del diario o la revolución industrial. Es sumamente notable que integres historia universal en tus palabras, impactan. También es muy importante destacar el aporte que haces en cuanto a léxico.
    Este capítulo que has escrito fue fascinante, me encanto la facilidad con la que se puede leer, sin poder despegar ojo de la pantalla, es simplemente maravilloso como una melodía, sólo fluye.
    Me gustaría poder tener contacto contigo, tengo miles de cosas que preguntarte y así, no sé, poder compartir experiencia o inspiración (no soy de ese tipo de fan que venderá tu vida, don´t worry…I´m a little old for that)...eso, espero no molestarte con mi biblia jajaja
    Un beso, éxito y gracias por escribir.
    pd : cuando hago click para seguirte en Face sólo me redirecciona a mi página de inicio en Face ¿estaré mal yo?
    pd2: se me borró el mensaje dos veces :S

  11. Guaooo cariñooo... Lo amé... Amé este capitulo! Muy bueno, escrito de una manera super limpia...

    Admiro tu manera de escribir, mas que la historia es ese don que tienes de atrapar cuando unes las letras y formas estas geniales palabras que han dado paso a una historia alucinante!

    Bueno impresionada aunq no tanto de la falta de remordimiento de Engel... Pero es comprensible porque es parte de su naturaleza y no podemos negarnos a ella.

    Perooooo eso que "Hasta que te conocí y pusiste mi mundo de cabeza" .... Eso es lo que necesitaba escuhar porq ante todo soy una eterna enamorada! jajaja xD

    No tardes taaanto en escribir el proximo aunq este salipo en tiempo record... Evaluando el tiempo que tardaste con el capi anterior ¬¬ jajaja...

    Besoooos

  12. Meredith says:

    O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G O-M-G
    No lo puedo creer, me meti al blog con la escasa esperanza de que hayas subido un capitulo nuevo y allí estaba el capitulo 11!!
    Fue fabuloso, increible, sin palabras, asombroso...etc.
    Te felicito por enésima vez me encanta la forma en la que escribes! Amé la historia de Engel y como todo encaja perfectamente en la historia y su forma de ser.
    Espero ansiosa por mas!
    PD: intenta subir mas rapidoo!
    Besoss

  13. Anónimo says:

    me encanta!!
    esta buenisima!! espero el sgt cap
    bye

  14. Maya270797 says:

    Hola, soy nueva siguiendo esta historia, pero me encantó!!!

    espero el siguiente cap...

    Chao!

  15. Anónimo says:

    Hola mi nombre es Ana vi tu blogs y me llamo la atención lo interesante del contenido y el diseño, soy aficionada a las webs y blogs, tengo varias y quería ver la posibilidad de colocar tu sitio en mi blog a la vez pedirte que hagas lo mismo. Así nos ayudaremos a promocionarnos. Espero puedas y avisame si te interesa para enviarte mis webs.

    Gracias.

    anamariavgil@gmail.com

  16. Franck says:

    Hola soy administrador de una red de blogs estuve visitando tu página y me pareció muy interesante. Me encantaría que pudiéramos intercambiar links y de esta forma ambos nos ayudamos a difundir nuestros páginas.
    Si lo deseas no dudes en escribirme.
    muchos Exitos con tu blog.

    saludos


    Franck
    contacto: rogernad08@gmail.com

  17. Anónimo says:

    Hola....pus nada que decir, fascinante capitulo como todos, pero tengo algunos alcances que hacerte claro si no te molesta. Siento aveces que los capitulos son un poco tediosos porque cada capitulo es una escena o sea no pasa más que en un sólo lugar o con las misma personas me explico? mira por ejemplo en el 12 fue todo en la cueva o en el 10 fue todo acerca del puente y la pelea, aveces me parecen poco dinamicos sobre todo los dialogos...es mi humilde opinión ,no es por hacerte pedazos tu trabajo es la opinion de alguien que te lee y que le gusta lo que lee...tambien tengo preguntas...¿por qué utilizar un personaje principal inteligente y solitario con Anne? es decir es algo ya visto, ¿por qué engel tiene alas si no es ángel? si es ángel serian blancas ,si fuera demonio no tendría...o ¿por qué los demonios que atacarón a Anne tienen cuernos? quizas podrías hacer otro tipo de demonios no tan evidentes y ¿hay alguna razón para que Engel aún paresca adolescente?...disculpa si soy muy crítico, pero son datos que quizas te sirvan...saludos Marco.

  18. Anónimo says:

    EXELENTE CAP ESPERO QUE TE ACTUALIZES Y SUBAS EL 12 SIGUE ASI


    SUERTE!

  19. Scarlet says:

    me encanta tu historia la verdad =D
    esta increible me hize adicta haa
    espero pronto saber mas sobre k pasa
    Travis me encanta me gustaria saber k pasa con el y pues Engel ni se diga!

    pero una pregunta, cada cuanto subes los capitulos?

  20. Scarlet says:

    no puedo esperar a leer el siguiente porfa ya suberlo =3

  21. Anónimo says:

    porfa sube el capitulo 12 y demas estoy ya muuuyyy... desesperada ya quiero leerlo me encanta la historia de estos dos personajes me enamoran jajaj... me encantas tu por escribirla....

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